imagotipo

Desde tierras olímpicas | Alberto Lati

  • Alberto Lati

Si limitamos el recuento a mundiales y olímpicos de verano, Río de Janeiro 2016 ha sido el evento deportivo en cuyas construcciones más trabajadores han muerto, al menos desde 2008 (las cifras de los Juegos de Beijing son una incógnita, aunque se dice que perecieron 10 empleados).

Ayer se dio a conocer que 11 personas involucradas en obras vinculadas a los próximos olímpicos, han perdido la vida. La cantidad supera a la del Mundial de Brasil 2014, ya de por sí alta con ocho fallecimientos, la mayoría en estadios que estaban demorados y obligados a acelerar sus procesos de edificación.

Unos meses atrás, el Ministerio del Trabajo suspendió temporalmente las obras del Velódromo y el Centro Tenístico por considerar que la integridad de sus albañiles no estaba garantizada. Tal como con los estadios mundialistas donde se dieron los decesos; esas dos instalaciones son las que poseen mayores rezagos, imán inevitable para descuidos y tragedias.

Para comprender lo mal que habla ese dato de Río 2016, basta con retomar que en el camino a Londres 2012 no hubo víctimas mortales y que para el Mundial de Sudáfrica 2010 el número fue de dos (claro que si lo comparamos con los Olímpicos Invernales de Sochi 2014 o con lo que viene para Qatar 2022, los ocho del 2014 y los 11 del 2016 quedan por debajo).

Las autoridades brasileñas intentaron hacer énfasis en las condiciones de seguridad, pero no han podido ganar esa batalla. La prisa y el buscar abaratar costos de construcción, suelen ser las mayores amenazas para quienes trabajan en proyectos contra el reloj.

Todavía quedan cuatro meses y numerosas obras por ser concluidas. Eso hace pensar que Río de Janeiro 2016 debe de multiplicar sus precauciones, porque la presión crecerá, como los turnos laborales y la disminución en supervisión.

Nada, ni el edificio más bello o funcional, tiene por qué poner en riesgo a quienes lo construyen. Mal en ese prioritario rubro, tanto la organización olímpica como sus concesionarias privadas.

Twitter/albertolati

/arm