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Desde tierras olímpicas | Alberto Lati

  • Alberto Lati

El logotipo retirado por Tokio 2020 un año atrás ha sido una mancha que ha perseguido a esa edición de los Juegos Olímpicos y de la que ha intentado al fin recuperarse presentando un nuevo diseño esta semana.

En un país que parece ofrecer, ante todo, máximas honorabilidad y originalidad, cayó muy mal la suspicacia de un plagio y nada menos que en el logotipo de un evento de la dimensión de los Olímpicos.

Haya sido por copia, haya sido por casualidad, Tokio 2020 decidió no batallar contra la evidencia y sacrificó el escudo que tanto parecido mostraba respecto al de un teatro en Lieja, Bélgica.

Lo menos relevante ahora que hemos conocido el nuevo logotipo, es su estética o simbolismo. Aquí lo urgente es que la capital nipona logre recuperarse de un golpe de ese tamaño, acompañado, para colmo, de los planos de reconstrucción del estadio Olímpico cancelados por esas mismas fechas. En uno de los grandes núcleos mundiales de la vanguardia, todo era esperable menos eso: ¡problemas en el diseño de un logo y de un estadio!

Si a los anteriores dos temas añadimos las manifestaciones de cientos de japoneses despojados de sus casas para hacer espacio a las instalaciones, entonces Tokio 2020 no ha tenido el camino cómodo que se presagió al ganar la sede en septiembre de 2013.

Lo lógico en aquel momento fue pensar que tras el calvario de Sochi 2014 y Río de Janeiro 2016, Tokio 2020 daría cátedra en impecabilidad. Su argumento inicial, el tener ya una cuenta bancaria con los fondos necesarios para toda construcción, parecía ir en ese sentido, aunque después esos tres temas han salido de control.

Lo del logotipo ha sido remediado con un manejo de crisis bueno, reaccionando pronto ante las acusaciones y no riñendo con ellas. Lo del estadio ha supuesto la pérdida de una buena cantidad de dinero, pero ya se aceptó un nuevo proyecto, mucho más barato. Lo de los desalojados, desa-fortunadamente, terminará en lo mismo de siempre: se les pagará lo que se les quiera pagar y no se les habrá consultado algo indispensable en un contexto de propiedad privada: si aceptaban irse, si admitían mudarse.

Twitter/albertolati

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