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DesEnlaces, un bajista mexicano en Alaska | Bazar de la cultura | Juan Amael Vizzuett Olvera

  • Bazar de la cultura: Juan Amael Vizzuette Olvera

¿Quién se hubiera imaginado que a través del jazz se podría convivir con una de las comunidades iñupiaq, que aún viven de la cacería en Alaska? Tal fue la gran aventura del compositor Juan Cristóbal Pérez Grobet, quien a partir de sus andanzas en el Estrecho de Bering, creó su nuevo disco “DesEnlaces”, que se presenta el domingo 22 de noviembre a las 18:00 horas en el patio Jacarandas del Museo Nacional de Culturas Populares, Avenida Hidalgo 289, Coyoacán.

*Una vida para el jazz

Juan Cristóbal Pérez Grobet recuerda que desde muy joven le atrajo la música, en particular el jazz. También tempranamente eligió su instrumento, el bajo. Como tantos otros jóvenes comenzó a tocar con grupos de amigos, y progresivamente la afición se convirtió en un quehacer más y más comprometido. Decidió estudiar en la Escuela Nacional de Música, donde permaneció durante algún tiempo; más tarde comenzaron a llamarlo constantemente para que tocara con bandas profesionales.

Pérez Grobet ha participado en más de 25 discos con diferentes artistas y bandas, como Gerardo Bátiz, Cecilia Toussaint, Ari Brickman, Real de Catorce, Carmen Leñero, Sonora Onosón y el 5o Elemento. Sus propias composiciones se han incluido en diversos álbumes.

Su trayectoria le llevó a integrarse en el proyecto multidisciplinario “Equilibrio y Resistencia”, que se desarrolló en el estrecho de Bering y México. El proyecto requirió dos viajes a Alaska, con un caudal de obras como resultado: fotografías, videos, instalaciones, un documental, y también música de jazz.

Pérez Grobet, como todo el equipo, valoró cada momento de las dos etapas vividas en el Estrecho de Bering: “Quiere uno tomar fotografías, pero el paisaje es inabarcable”. Los expedicionarios viajaron en dos épocas distintas: la estación cálida y la fría; deseaban conocer cabalmente la vida en la región, la más occidental de América.

“Durante el verano, el sol se pone, pero no se oculta; es la medianoche y aún resplandece el astro en el horizonte, no hay una verdadera noche; la segunda vez fuimos en noviembre. Nuestro deseo era llegar en la parte más cruda del invierno, pero por problemas técnicos eso no fue posible. Aun así encontramos temperaturas de hasta 20 grados bajo cero, aunque no abundaba la nieve. Las noches se prolongaban, los días apenas duraban seis horas. Los paisajes eran imponentes. Pudimos ver a la fauna; acompañamos incluso a los iñupiaq durante unas cacerías. Nunca vimos una ballena, pero sí  comimos carne del cetáceo, ya que los iñupiaq lo cazan para subsistir”.

Este pueblo del extremo norte del continente no ejerce la cacería por deporte ni por diversión: caza para alimentar a toda la comunidad, y los cazadores deben arriesgarse para ello. Las críticas contra la cacería innecesaria no tienen razón de ser en el caso de los iñupiaq.

Los iñupiaq, explica el músico mexicano, respetan hondamente a la naturaleza, a la fauna. Cazan estrictamente para sobrevivir y le expresan a la tierra su gratitud por permitirles alimentar a su gente. Ellos no provocan la desaparición de especies: “Llevan siglos de obtener el sustento gracias a la cacería. Cazan posiblemente una ballena al año y una cacería implica todo un ritual. Aprovechan absolutamente todo de cada ballena. Una comunidad se integra con unas 150 personas y una parte de la ballena la comparten con las aldeas vecinas, las que no pudieron cazar una ballena. Ellos saben que el próximo año puede suceder al revés, que ellos no puedan cazar una ballena y que sea otra comunidad la que les entregue parte de su presa”.

JUAN CRISTÓBAL Pérez Grobet .

JUAN CRISTÓBAL Pérez Grobet .

Cooperación en vez de competencia

La experiencia que relata el músico mexicano encierra una lección de vida y de economía. Los iñupiaq, que habitan en una de las regiones más inhóspitas del planeta, basan su supervivencia en la cooperación y no en la competencia. Van así a contracorriente del punto de vista que suele difundirse como ideal en el mundo moderno; están en el extremo opuesto al del viejo darwinismo social, que proclama la supervivencia de los “más aptos”, quienes deben dejar a su suerte a los “menos competentes”.

El entrevistado considera que, en efecto, los iñupiaq creen en la colaboración y este principio les funciona muy bien para lograr la supervivencia: “Así es, ellos están perfectamente organizados. Y aunque pudiera parecer que esta lógica de la cooperación es propia de un pueblo tan lejano geográficamente como el iñupiaq, en realidad esta misma concepción del mundo, de la supervivencia a través de la cooperación, la encontramos en las comunidades indígenas mexicanas, en pueblos de África…”

“Durante el desarrollo del proyecto multidisciplinario con los iñupiaq, luego de que concluía el trabajo cotidiano con el equipo que realizaba ‘Equilibrio y Resistencia’, me retiraba para dedicarme a tocar con el bajo, para componer y grabar la música que alimentó mis discos”, explica Pérez Grobet. El músico rememora que llevó su bajo eléctrico ya en el primer viaje a Alaska. Las travesías por el Estrecho de Bering –ése que en los textos escolares se ilustra con una fila de nómadas que llegan al Continente Americano– inspiró las composiciones que elaboré y grabé, en la propia tierra que les dio origen.

El disco “Equilibrio y resistencia” fue el resultado de la primera expedición al Estrecho de Bering; se trató de una partitura que formaba parte del proyecto multimedios; “DesEnlaces” en cambio nació como una obra autónoma.

Juan Cristóbal Pérez Grobet había ya comentado anteriormente: “Las grabaciones que hice durante la segunda visita se efectuaron con libertad de improvisación e incitadas por el placer. Inspirado por el lugar y las circunstancias personales, la música que compuse es un trabajo muy íntimo y personal.”

“DesEnlaces”, según su autor, explora la constante transformación de las relaciones, la gente y sus lugares. La generación de conexiones y su desaparición.  

El compositor revela que el disco “DesEnlaces” significó la despedida de una larga etapa de colaboración entre un grupo de artistas que llevaba años de trabajo. Participaron Juan Carlos Novelo, en la batería, Rodrigo Barbera en el piano, Darío González en los teclados, Santiago Ojeda y Rodrigo de la Mora en la guitarra.

En el cuadernillo del nuevo disco, Alonso Arreola comenta que “DesEnlaces” confirma “…lo personal e introspectivo,  lo genuino y honesto de un arte que se ocupa en preguntas esenciales relacionadas con la soledad, la naturaleza, el color del mundo y su temperatura.”

“DesEnlaces” contiene nueve piezas. Sus títulos evocan la inmensa región donde termina el continente, sus pobladores, sus paisajes, sus especies animales, su luz y sus tinieblas: “¿Dónde está el pelícano?”, “Colores blancos”, “Rompiendo el tiempo”, “Mar tendida”, “Equilibra el horizonte”, “Dualidad”, “Luminiscencia”, “¿Color favorito?” y “Sesenta relojes en un cuarto”.

/arm