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Desesperación por el tiempo perdido / Alejandro Díaz

  • Alejandro Díaz

Para un gobernante es triste ver que el paso del tiempo impide cumplir con el programa que se propuso realizar, y más triste cuando al paso de los años constata el fracaso de su intento. Por no fijar el objetivo correctamente, no adoptar las medidas para alcanzarlo y muchas más. Por ello, hasta un Presidente lloró frente al Congreso y otros rumian su frustración, aunque los más prefieren echarle la culpa a los demás.

Pero quienes en verdad sufren sus fracasos son los gobernados, o sea nosotros, ciudadanos de a pie y amas de casa. La contaminación que agobia a las áreas metropolitanas del país es el resultado de políticas públicas desastrosas. Desde la falta de planeación urbana hasta la pésima calidad de los combustibles, de la carencia de buen transporte público a los incentivos absurdos al transporte privado, de la falta de regulación de las emisiones fabriles hasta programas ineficientes como el “Hoy no Circula”.

Las ciudades medias del país deben aprender a evitar los graves errores cometidos en la capital de la república: crecimiento incontrolado, falta de planeación, servicios públicos a modo del gobernante en turno, no de las necesidades de la población ni de recomendaciones de expertos.

Guadalajara, Monterrey, Puebla, Cd. Juárez, Tijuana, León y Cancún entre otras están a tiempo de corregir fallas en la planeación urbana y encontrar formas legales para ordenar su crecimiento.

Todo problema debe atenderse resolviendo causas y no efectos. Los efectos podrán minimizarse, pero para resolver problemas hay que atender las causas. En el caso del manejo de la contaminación las autoridades locales -designadas y electas- por más de 25 años han dicho que el problema se debe al gran número de vehículos en circulación. En un inicio sacaron de la circulación el 20 por ciento de los vehículos con el programa que nos dijeron sería temporal del “Hoy no Circula”, y la contaminación siguió.

La población -ricos y pobres por igual- adquirieron más vehículos para poder moverse, muchos de ellos en lamentable estado mecánico; la contaminación se agravó a pesar de modernizaciones al programa original.

En 1997, con la llegada de autoridades electas se suavizó el programa permitiendo que exentaran los vehículos de menos de cinco años de vida.

Patadas de ahogado pues siguió la contaminación hasta causar varias contingencias ambientales.

Casi nadie recuerda pero la medida se suponía temporal mientras mejoraban el transporte público; pero en 25 años solo se abrieron unas cuantas líneas adicionales del Metro y comenzó a operar el Metrobús. No mejoraron rutas alimentadoras ni sus vehículos. El transporte público siguió en pocas manos que evaden todo control, incluido la verificación; ni siquiera los transportes propiedad de la ciudad están libres de emisiones contaminantes (excepto trolebuses y otros vehículos eléctricos).

Se requieren soluciones imaginativas que verdaderamente ayuden a disminuir la contaminación: horarios de carga y descarga nocturnos o en la madrugada, restringir el paso de grandes vehículos a la zona central, supervisar mejor las zonas con prohibición de estacionamiento, y para que el ciudadano vea que la autoridad da el ejemplo, no solo verificar los autobuses de servicio, sino revisar constantemente a éstos y corregir las fallas de inmediato. La mejor solución es predicar con el ejemplo.
daaiadpd@hotmail.com