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Desmesurada emisión de dólares por EU (II)

  • Alejo Martínez

Al analizar cómo EU paga buena parte de sus importaciones mediante el comodino mecanismo de imprimir miles de millones de dólares, en lugar de pagarlos integralmente con el producto de sus exportaciones, se comentaba aquí la semana pasada sobre las al menos cuatro fórmulas en las que el dólar estadounidense es ávidamente succionado por la economía mundial: como moneda de reserva, de intercambio, de ahorro y de circulación obligatoria.

Se expuso que los Bancos Centrales del mundo han venido acumulando dólares como moneda de reserva en crecientes montos sin precedentes. De manera similar, el dólar como moneda de intercambio en las transacciones económicas efectuadas entre la inmensa mayoría de países del mundo que carecen de divisas sólidas o aceptables en el comercio internacional, es absorbido en cantidades cada vez más descomunales.

Tengamos en cuenta que, con motivo del progresivamente acentuado proceso de globalización que está experimentando el mundo, en las últimas cuatro décadas el monto de los intercambios internacionales se ha casi cuadruplicado y la creciente necesidad de contar con una moneda que permita cubrir esa vertiginosa aceleración del comercio internacional ha sido satisfecha en gran medida por el intensivo uso del dólar
estadounidense.

Otro mecanismo adicional por el cual las inmensas cantidades de dólares que son emitidos sin respaldo financiero son engullidas con avidez por la economía mundial, radica en su utilización como moneda de ahorro. Empresas y personas físicas de múltiples países, en especial subdesarrollados, con enorme frecuencia desconfían de la estabilidad cambiaria de sus monedas vernáculas, por lo cual optan por convertir sus ahorros a dólares.

Una fórmula más por la que las gigantescas y desproporcionadas emisiones de dólares no se quedan provocando inflación en territorio estadounidense, sino que son devoradas por la economía mundial, estriba en el dólar como moneda de circulación obligatoria. Algunos países de América Latina como El Salvador, Panamá y hasta Ecuador con gobiernos de apasionados y enfáticos discursos antiyanquis, han decidido adoptar el dólar como moneda propia, aun a costa de privarse de ventajas trascendentes como el señoriaje que genera la emisión primaria de moneda, quizá con la finalidad de evitarse el continuar experimentando problemas de falta de control de las presiones inflacionarias, y tratando así de darle mayor estabilidad cambiaria a su
economía.

Hay además dólares que salen de la economía estadounidense, aligerando así eventuales presiones inflacionarias, no por la vía de los contratos regulares, sino por efecto de transferencias o contratos sin contraprestaciones, como sería el caso de las remesas de trabajadores migrantes a sus familiares en sus naciones de origen.

Cualquier otro país sin estas exóticas ventajas y con anuales déficit de cuentas corrientes tan desmesurados ya hubiera tenido que devaluar brutalmente su precarísima moneda. EU se ha podido dar el excesivamente prolongado lujo no sólo de mantener la paridad cambiaria, sino hasta de revaluar su moneda, aunque ésta carezca por completo de sólido respaldo. En contrapartida esta sobrevaluación del dólar trae consigo la enorme, pero no concientizada, desventaja de restarle drásticamente competitividad al aparato productivo de EU.

amartinezv@derecho.unam.mx 

@AlejoMVendrell