imagotipo

Destino

  • Pablo Marentes

En julio de 1845, la revista Democratic Review publicó un artículo erudito del periodista John O’Sullivan intitulado “Anexation” en el cual urgía a Estados Unidos a admitir como Estado de la Unión a la Republica de Texas. El 27 de diciembre de ese año O’Sullivan, director del periódico New York Morning News, empleó por primera vez, para el mismo propósito y otros más, la noción de Destino Manifiesto, con el que identificó la tarea asignada “desde lo alto” a los Estados Unidos para extenderse y ocupar territorios de la costa del Pacífico, las tierras continentales de Norteamérica, o las del hemisferio completo. Literalmente afirmó y explicó: “Ya es tiempo que cese la oposición respecto a la anexión de Texas. Los Estados Unidos tienen el mandato divino de expandirse a lo largo y ancho de Norte América: es nuestro destino manifiesto poblar íntegramente el territorio que nos ha dotado la Divina Providencia, para que sobre él se extiendan y se desarrollen libremente nuestras gentes que cada año se multiplican por millones.”

En 1844 James R. Polk, postulado como posible Vicepresidente en la convención demócrata que se celebró en Baltimore, Maryland, obtuvo inesperadamente la candidatura presidencial en la tercera votación, ya distinguido como un ferviente anexionista y devoto del Destino Manifiesto lo cual ratifica al prometer que su presidencia tendría tres propósitos: la anexión de Texas, la anexión del Territorio de Oregón hasta el paralelo 49 para establecer la frontera con Columbia Británica, y la Conquista de California. Todo lo cumplió.

En la disputada convención demócrata de 1895, William McKinley obtuvo la postulación presidencial frente a William Jennings Bryan a quien apoyaba The American Peoples Party que agrupaba a campesinos, trabajadores industriales de donde proviene el adjetivo “populista”.  Comenzaba en esos meses de 1895 las primeras señales de una crisis financiera y económica anunciada por la discusión sobre la utilidad o ineficacia del bimetalismo para darle valor a la moneda de curso corriente.  Había un mal ambiente para los Demócratas que mantenían a los asalariados con ingresos muy bajos. Los asesores le dijeron a McKinley que se quedara en su casa, que recibiera en el porche a quienes solicitaran verlo. El sería el presidente. Es la única vez que se sabe que demócratas y republicanos se coluden para hacer triunfar a un candidato que se enfrenta a una verdadera oposición, no a una“sucesión” consensuada.Así aseguraron los dos partidos tradicionales, -el demócrata y el republicano- un candidato que satisficiera los intereses de ambas formaciones políticas. La investigación no concluye todavía para asegurar la colusión. Pero sigue en marcha.

Como ya no había más territorio en el continente americano hacia donde pudiera expandirse la Unión del destino manifiesto, McKlinley se dedicó a anexarse islas. Así inició el proceso de anexión de Puerto Rico y de Cuba. Luego simularon una revuelta en contra de la Reina hawaiana.Y con eso resolvieron el problema fiscal que enfrentaban los hijos de los predicadores estadounidenses en la isla. Los primeros se dedicaban al cultivo de la caña de azúcar. No habían pagado impuestos. Sus asesores les dijeron que si las islas hawaianas se anexaban libremente a los Estados Unidos, nunca más los tendrían que pagar. Simularon una revuelta en contra de la Reina, llegaron los marines, apaciguaron a los “rebeldes” y Hawaii pasó a ser territorio controlado por la poderosa joven nación del destino manifiesto.

Los periódicos mexicanos publican pronósticos de daños que causaría a México el presidente Donald Trump. Habría que ratificar que con Estados Unidos tendremos siempre grandes diferencias económicas y de destinos. Nadie les puede disputar el éxito de su misión trascendentemente encargada. Lo tienen asegurado.  Y tenemos que defendernos de ellos con buen ánimo y espíritu constructivo. Como dicen los populistas: el pueblo unido jamás será vencido.