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Destino

  • Palabra: Terry Guindi

Los seres humanos a lo largo de la historia han mantenido la creencia de que existe alguna fuerza oculta que dirige el rumbo de los acontecimientos; que la vida es una sucesión de hechos como resultado de causas distintas a la voluntad.

Esto es una mala interpretación de la palabra destino, como si esta estuviese escrita y moldeada y su conclusión fuera invariable. Nada más erróneo.

A lo largo del tiempo le hemos otorgado equívocamente un origen entre divino y casuístico a todo lo que nos sucede; como si el rector del universo tuviera intenciones sobre cada instante de nuestra vida; como si por generación espontánea y producto del azar se presentaran las diversas situaciones de toda índole que enfrentamos.

Un ser superior que nos controla como marionetas, circunstancias que nos son ajenas condicionan todo; esta es la postura cómoda que nos exime de la responsabilidad de estar vivos.

El libre albedrío, la capacidad de elegir y decidir son elementos intrínsecos de estar aquí, en este planeta y en este momento; nos distinguen de los seres inanimados, hasta los animales tienen grados de libertad, en consecuencia de acción y reacción ante estímulos. Ceder esta facultad a otros, a los hechos que son incontrolables nos hace esclavos, de aquellos que persiguen sus fines personales distintos a los nuestros o a las fuerzas del entorno.

Hay destinos manifiestos sí, pero su explicación se ubica en las incapacidades propias y en factores predeterminados, los físicos primordialmente. El hombre carece de facultades para volar por sí mismo, de estas limitaciones se desprendió un motivo para un sueño, imagina solo la opinión generalizada hace 2 siglos cuando a alguna persona se le ocurrió visualizar al ser humano por los aires, las ventajas que ello ofrecería. Contamos con toda la creatividad como herramienta para que a lo largo del tiempo, por distintos métodos se encontrara la fórmula adecuada para construir cada día mejores vehículos para transportarnos eficientemente por esa vía.

Cuando desde la falta de ganas adoptamos una posición de títere dentro de los acontecimientos nos instalamos en nuestra zona de confort que permite suponer que nada nos pasará, que tenemos refugio; lo que sucede es que al restringir los sucesos también lo hacemos con la ocasión de ser felices.

Mi consejo es influir radicalmente en el destino, actuando en conciencia, modificando la visión de todo el entorno, añadir nuevos elementos que refresquen a nuestro intelecto, a nuestras experiencias y también, a nuestros deseos y metas.

El destino es una página en blanco, por escribir, por dibujar con imágenes y fotografías de eventos alegres y éxitos que empoderan; es absolutamente distinto a entresacar párrafos de las hojas pasadas y entrelazarlas sin sentido.

Tomar las riendas hacia adelante es darnos cuenta que nada está predeterminado, que todo es susceptible de cambio, que hasta los pequeños detalles logran finales distintos.

La ruta por venir está llena de enseñanzas y espacios agradables, es campo fértil para sembrar y buena tierra donde construir; imaginar y diseñar como será al incluir lo necesario que nos incite a la acción, requiere la pausa y una pizca de paz para poner las cosas en su lugar.

Aprendemos y crecemos juntos, libres, desde nuestro interior; el destino deja de ser una sentencia de lo conocido que nos encasilla, es un factor maleable que podemos esculpir con nuestras manos que al expresarse en palabras se hacen mágicas.

twitter@terryguindi

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