imagotipo

Destrucción de empresas pierde creatividad

  • Alejo Martínez

  • Alejo Martínez Vendrell

En lo personal siempre había sido un convencido creyente de las cualidades positivas implícitas en la tesis del “vendaval de la destrucción creativa” del talentoso Joseph Schumpeter. Ese fenómeno era fiel expresión de la capacidad innovadora, de mejoramiento tecnológico, de avance productivo del sistema capitalista. Los postulados del ingenioso economista austriaco nos permitían comprender la importancia de dejar morir ciertas actividades de explotación, como la del caucho para llantas o del henequén para textiles, cuando innovaciones tecnológicas, como las de la petroquímica hacían que empresas tradicionales como esas se volvieran obsoletas y sumamente incosteable el tratar de sostenerlas para proteger los valiosos empleos de demasiados miles de personas que resultaban severamente afectadas.

En efecto, se trataba de una destrucción, pero quizá entonces todavía constituía una destrucción creativa que generaba nuevos empleos en sectores más productivos y podía mejorar la situación económica y laboral de la gente. Era una opción mucho más razonable y viable el buscar para esas personas afectadas nuevos cultivos o actividades laborales más modernas y con mayor productividad, que convirtieran en una realidad tangible, el calificativo de creativa para ese fenómeno de destrucción empresarial.

Por desventura, en los últimos tiempos, y cada vez de manera más y más acentuada, estamos observando una galopante intensidad en la destrucción de empresas que, a su vez, cada vez más rápido se vuelven obsoletas o poco competitivas, lo cual ya no está dando paso a la creación de nuevas y más modernas empresas que absorban los torrentes de desempleo generados por los hoy abrumadores vendavales de destrucción.

El arrasador vendaval de la destrucción empresarial ya no está encontrando suficientes vías de desahogo donde el creciente personal desplazado encuentre nuevas fuentes de trabajo que detenten mayor productividad y rentabilidad. Se están robusteciendo de forma impresionante tradicionales y antiguas fuentes de trabajo, como las de la intermediación comercial, tanto informal como formal, o las de servicios elementales como alquiler de transportación urbana, salones de belleza, de masajes, de acondicionamiento físico y otras, que todavía alcanzan a proporcionar empleo e ingresos a múltiples trabajadores desplazados de actividades con mayor productividad y rentabilidad, en las cuales cada vez se requiere más capital y avanzadas tecnologías, a costa de menos mano de obra.

Eso significa que muchas personas que con anterioridad se desempeñaban en los sectores de producción o en los de servicios caracterizados por altos niveles de tecnología y de rentabilidad, se están viendo desplazados de tales esferas laborales y están teniendo que refugiarse en algunos de los citados sectores de tecnología tradicional y menor rentabilidad con la consecuente reducción de nivel de ingresos. Este fenómeno contribuye en forma sustantiva a explicar la cada vez más desbordada inconformidad o indignación que se está viviendo en el mundo de los países desarrollados, pero que está agrediendo también en forma notable a los subdesarrollados. Pensemos en que por ahora todavía se han encontrado algunas vías de escape al desplazamiento de los empleos en las empresas de elevada tecnología, pero además de su menor rentabilidad económica, habrá que enfrentar con el tiempo su inexorable saturación.
amartinezv@derecho.unam.mx

@AlejoMVendrell