imagotipo

Destrucción vs construcción: el dilema del futbol actual | ESTO y algo más | Pedro Peñaloza

  • Pedro Peñaloza

“La lógica te llevará de A a B. La imaginación te llevará a todas partes”.

Albert Einstein

¿Qué nos deja el partido de Bayern Múnich y Atlético de Madrid? En múltiples disciplinas como la biología, política, economía, filosofía, en las artes, existen diversas corrientes del pensamiento y teorías antagónicas o críticas que nos ayudan a explicar distintos fenómenos de la naturaleza y las relaciones sociales, su discusión y comprobación enriquecen el debate a la ciencia y sus métodos. Ahora bien, el deporte y en particular el futbol, ha venido evolucionando con el tiempo, los cambios en los pardos tácticos, la estrategia, la forma de entrenarse y el aumento de la velocidad y desgaste, son una muestra de la transformación de este juego de masas. En la actualidad se tienen dos formas definidas de ver el futbol. Veamos: la primera de ellas pone como objetivo principal el armado rítmico mediante la creación, beneficiando el espectáculo, es decir, la construcción de un sistema el cual privilegia la movilidad a la ofensiva, provocando espacios sin tener que alargar al equipo; la segunda, que parece ha tomado mayor impulso en los últimos años, es ceder la iniciativa de juego para que el rival, en su intento por hacer daño, se desordene y empiecen a surgir huecos que en un contragolpe o una jugada individual podrían generar enfrentamientos con ventaja al delantero, porque el defensivo tuvo que regalar espacios de 30 o 40 metros.

En el primer modelo podríamos etiquetar el estilo de juego de Josep Guardiola y en el segundo, lo que ha venido haciendo el “Cholo” Simeone. No estamos hablando de entrenadores menores, sino que ambos son directores técnicos triunfadores, que en sus espaldas cargan múltiples campeonatos europeos y que han llevado su forma de ver el futbol a su máxima expresión. Habrá quien se decante por privilegiar la herencia del “futbol total” de Cruyff, que Guardiola aprendió y ha seguido perfeccionándolo, sin embargo, también hay quienes creen que la base de un equipo debe ser defenderse bien y de ahí empezar a crear. Las dos son visiones válidas y permitidas, cada club conoce sus debilidades y virtudes y quiero creer que eso es una de las variables que determinan el estilo de juego, y es aquí, donde tiene que verse la mano de los directivos encargados de las visorias de jugadores y en la elección de entrenador, para que estas vayan acorde con la filosofía del club, su historia, y su visión de juego. No es poca cosa.

Para hacer más pedagógico nuestro análisis, pondremos como ejemplo la final de CONCACAF entre Tigres y América. Por un lado, tenemos al eterno Ricardo Ferretti, el cual no pudo salirse de su ya tedioso y predecible estilo de juego que lo ha llevado a perder cuatro finales. Con Ferretti tenemos un claro ejemplo de cómo un equipo, que fue diseñado para atacar y apabullar a sus rivales, como lo es el conjunto felino, está bajo la visión de uno de los entrenadores más conservadores de la Liga MX, que varias veces ha denostado el espectáculo por el resultado. ¿Eso es lo que busca la afición de Tigres, un DT resultadista? Con semejante presupuesto debería ser obligación ganar y gustar. Por otro lado, tenemos a Ignacio Ambríz, joven entrenador que ha gozado de buenas conexiones en el medio futbolístico y que lo han catapultado a dirigir a los dos equipos más importantes de nuestro futbol. Ambríz, quien desde su nombramiento fue sumergido en críticas feroces junto a Ricardo Peláez, por su forma de juego, la cual no coincidía con la del Club de Coapa. Y así fue, hoy, América gana un nuevo campeonato, pero cediendo la iniciativa al rival, esperando atrás y jugando al contragolpe, algo que un equipo llamado “grande” no puede permitir. ¿Esa será la nueva apuesta de Peláez y compañía para su centenario, un equipo ratonero? ¿Ya no importan las formas?

Algo Más. Una vez más los directivos mexicanos muestran su desinterés y apatía con la realidad del país al querer traer un Mundial de futbol para 2026. Los gastos que tendría que desembolsar el Gobierno serían millonarios. ¿El país está para eso cuándo la mitad de los niños viven en pobreza? ¡Patéticos!