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Deuda pública y crisis / Paradigma Económico / Jorge Sánchez Tello

  • Jorge Sánchez Tello

La deuda pública en México ha venido creciendo en los últimos años de forma considerable. Si bien no representa todavía un gran riesgo para nuestra economía, es importante recordar que con las finanzas públicas no se debe jugar.

El tema me vino a la mente al leer en este diario un estudio sobre la deuda en México que hizo el área de investigación de una importante institución bancaria en el país donde señala que los requerimientos financieros del sector público han crecido en 10 puntos porcentuales, al pasar de representar una proporción de 37 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en 2012 a 47 puntos en 2015, y estima que para el 2018 se puede crecer hasta el 55 por ciento del PIB. Es decir, crecería 18 puntos del PIB en un sexenio.

Lo que a mí no me queda claro es en qué se ha gastado tanto dinero, porque no se ha visto en un crecimiento exponencial del PIB, porque seguirá oscilando entre el 2.5 y 3.1 por ciento. Es importante recordar un poco la historia sobre lo que pasa cuando no se maneja bien la deuda. En 1982, con el anuncio de los primeros impagos a cargo de México, se iniciaba uno de los peores momentos de la historia económica de América Latina.

A diferencia de lo que ocurre en la actualidad, el Gobierno mantuvo la paridad cambiaria, las tasas de interés sufrieron un alza a nivel internacional, lo que hizo aún más atractiva la salida de capitales. Además, casi la mitad de la deuda externa del país vencía en 1982. Para marzo de 1982, la situación fue insostenible y la paridad cambiaria pasó de 24.51 a 57.18 pesos por dólar.

Si comparamos los orígenes de esta crisis con los orígenes de la crisis vivida por México durante el año 1994, podemos señalar que en ambos casos, el problema de México ha sido la deuda, no obstante en el año de 1994, el origen fue la deuda pública. La gran expansión del crédito interno después de octubre de 1994 pareció un intento por mantener el valor en dólares de los bonos del Gobierno y los depósitos bancarios.

Lo anterior se traduce en una disminución en las reservas internacionales. En otras columnas he mencionado la importancia de por qué es importante que la expansión del crédito en México crezca de forma responsable.

Una deuda pública en rápido crecimiento que acabe siendo considerada insostenible por el mercado que la ha venido financiando, puede, obviamente, ser el antecedente y el detonador de una crisis.

Una gran cantidad de deuda en moneda extranjera ha sido una de las fuentes de vulnerabilidad en el pasado y uno de los factores correlacionados con los impagos. La transición hacia el endeudamiento en moneda local es un medio para pensar que la probabilidad de una crisis es menor.

Hasta hace poco, en muchos países de América Latina se creía firmemente que el problema de la deuda externa había sido resuelto. Si bien la deuda no había desaparecido, al menos había pasado a un segundo plano. La historia de la deuda externa se caracterizaría por etapas de auge y crisis coincidentes con la fase depresiva de dichas ondas largas, las cuales, además de sus similitudes, deben ser comprendidas analizando sus condiciones específicas.

Es importante señalar que afortunadamente la mayor parte de la deuda de México es interna y no externa, pero ha crecido en los últimos años. Por esta razón es importante que el crecimiento de la deuda tenga un crecimiento exponencial. La deuda no es mala, pero siempre y cuando se utilice para proyectos de inversión e infraestructura; lamentablemente la opacidad de las finanzas públicas en México hace que sea un tema de gran importancia y debemos seguir por el camino responsable.

*Economista e investigador asociado de la Fundef

www.fundef.org.mx

www.jorgesancheztello.com

Twitter: @jorgeteilus