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Deudores | Punto de Vista | Jesus Michel Narváez

  • Editoriales

Sorprende la deuda que tienen empresas productivas (Pemex y CFE) y gobiernos estatales con contratistas y proveedores. Ya se sabía de las enormes sumas que adeudan las entidades pero poco se sabía que Petróleos Mexicanos está “desmembrando a la industria nacional”, como lo afirmó el presidente de la Canacintra, Rodrigo Alpízar.

La información revela que los pagos se difieren hasta 180 días de la fecha pactada.

Más allá de la “pobreza” manifestada por la empresa que dirige Emilio Lozoya Austin, habría que reflexionar la inequidad en el trato que se les da a los proveedores y las dependencias gubernamentales de los tres niveles.

Si un contratista se retrasa en la realización de la obra, las sanciones son inmediatas o si el proveedor no entrega en tiempo y forma la mercancía o producto adquirido, es boletinado y corre el riesgo de no volver a venderle a ninguna instancia gubernamental. Sin embargo, el gobierno puede retrasarse lo que le venga en gana y no cubre intereses, no es sancionado, no tiene costo alguno.

Cuando se habla de la necesidad de impulsar la economía nacional, de los créditos “baratos”, del financiamiento de la banca de desarrollo que está a disposición de quienes participen en obras o compras gubernamentales, no parece lógico sacrificar a los empresarios. Y no los estoy defendiendo. Solamente hago el apunte.

La denuncia, porque así debe entenderse, del líder de los industriales de la transformación, tiene mucho de reclamo. Pero en Pemex no se escucha. Simplemente sus directivos se encogen de hombres y prácticamente responden: háganle como quieran.

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