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Día Internacional de las Mujeres Rurales / Raúl Aarón Pozos Lanz

  • Raúl Aarón Pozos

La situación de la mujer en todos los países del mundo es esperanzadora en términos de equidad de género. Los últimos años han sido testigos de un importante posicionamiento del tema de género en la agenda de los gobiernos democráticos. En el caso de México, las cifras muestran que las mujeres incursionan cada vez más en el mercado laboral, disminuyendo el control que tradicionalmente han ejercido los hombres en el mercado laboral y otros ámbitos de la vida social.

Lamentablemente, las cifras también muestran un fenómeno interesante. La incursión femenina en el mercado laboral no se ha traducido, como suele pensarse, en un abandono de las responsabilidades relacionadas con la familia, especialmente las actividades relacionadas con el cuidado de los hijos y de la pareja, existe ahora en México el surgimiento de un nuevo acuerdo social. Las mujeres están asumiendo con determinación una participación más activa en la vida profesional y económica, se reconoce como un gran reto que las remuneraciones no sean relacionadas con el género sino con los resultados. Lo que resulta vergonzoso es que algunos hombres no hayan asumido la responsabilidad que también tienen en el sostenimiento adecuado de la convivencia familiar y el cuidado de los hijos.

Resulta evidente que en esta nueva conformación de los mercados laborales, la perspectiva de género, es decir, el rol de los hombres y las mujeres, sigue presentando diversos prejuicios. Lamentablemente, esta diferenciación de roles, que se define social y temporalmente, que es muy notoria en el ámbito urbano, en el ámbito rural es más evidente y inequitativa. Les comparto algunas cifras de la ONU para darle sustento a mi preocupación.

La desigualdad de género es una de las causas y efectos principales del hambre y de la pobreza. La Organización de las Naciones Unidas estima que 60 por ciento de las personas que padecen hambre crónica en el mundo son mujeres y niñas. La FAO estima que si las mujeres del campo tuviesen el mismo acceso que los hombres a recursos agrícolas, la producción en el campo y granjas de países en desarrollo podría aumentar entre 20 y 30 por ciento y reducir entre 100 y 150 millones las personas que sufren hambre en el mundo. Solo 39 por ciento de las niñas rurales asisten a la escuela secundaria, cifra inferior a la cantidad de niños rurales (45 por ciento), de niñas urbanas (59 por ciento) y de niños urbanos (60 por ciento).

Las mujeres rurales asalariadas tienen más probabilidad de tener empleos temporales, a tiempo parcial y con menor retribución al de los hombres. En el caso de la América Latina y el Caribe, 40 por ciento de las mujeres rurales mayores de 15 años no tienen ingresos propios y solo un 10 por ciento de ellas tiene acceso a créditos, y cinco por ciento a la asistencia técnica.

En México, los datos también son reveladores. La proporción de mujeres analfabetas en las zonas rurales es tres veces mayor que en las zonas urbanas (16.8 contra cinco por ciento, respectivamente); 6.6 por ciento de las niñas de entre seis y 14 años no asistía a la escuela en 2010, en el ámbito rural, lo que representó casi el doble de las niñas urbanas; 64.4 por ciento de las mujeres mayores de 15 años de las zonas rurales del país se encontraba en rezago educativo, puesto que no tenía la educación básica completa, mientras que a nivel nacional este rezago afectaba a 42 por ciento de las mujeres del mismo grupo de edad. Las mujeres ocupadas en la zona rural del país sumaron más de tres millones, lo que representó 16 por ciento del total de población femenina ocupada a nivel nacional; pero de ellas, el 17 por ciento no recibía ingresos por su trabajo; 31 por ciento recibía hasta un salario mínimo, 28 por ciento percibía entre uno y dos salarios mínimos y aproximadamente 20 por ciento ganaba más de dos salarios mínimos. Las mujeres rurales dedican 53 por ciento más tiempo que los hombres y cuatro horas más que las mujeres que viven en zonas urbanas a labores reproductivas y del hogar, incluyendo el tiempo necesario para la obtención de agua y leña, el cuidado de los hijos y las personas enfermas.

Por si fuera poco, 44.5 por ciento de las mujeres rurales opina que no se respetan sus derechos humanos; para el 2011, del total de mujeres de quince años y más de edad, residentes en localidades rurales, casadas o unidas, el 17.4 por ciento declaró haber padecido violencia emocional, el 13 por ciento violencia económica, el 4.1 por ciento violencia física y el 2.8 por ciento violencia sexual.

El pasado 15 de octubre se conmemoró “El Día Internacional de las Mujeres Rurales”, la fecha es importante para tener presente la brecha enorme que aún existe entre la zona rural y urbana. Es importante como sociedad reconocer el problema y actuar con mayor velocidad para saldar la deuda histórica que tenemos con las mujeres rurales que aún se encuentran en vulnerabilidad.
* Senador de la República por el Estado de Campeche. Partido Revolucionario Institucional.