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Día Mundial de la Población La acción, nuestra premisa

  • Raúl Aarón Pozos

Raúl Aarón Pozos Lanz

Son terriblemente crudos los datos que nos dio Ban Ki-moon, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, con motivo del Día Mundial de la Población, el pasado 11: “Mientras las opciones y las oportunidades de los niños tienden a aumentar cuando llegan a la adolescencia, las de las niñas se reducen con demasiada frecuencia. La mitad de las agresiones sexuales en todo el mundo se cometen contra niñas de 15 años o menos. En los países en desarrollo, una de cada tres menores contrae matrimonio antes de cumplir los 18. Además, en comparación con los adolescentes, las adolescentes tienen menos probabilidades de comenzar o acabar la escuela secundaria”.

Imagino a millones de padres de familia del mundo, de México, preocupados no solo por nuestras hijas, sino por todas las adolecentes. Más aún cuando no alcanzamos a comprender cómo alguien se atrevería a atentar sexualmente contra una adolescente.

Al fin padre, también imagino a muchos haciendo planes con sus hijas, escuchando lo que quieren ser de adultas, orientándolas sobre las carreras que pueden convenirles, vigilándolas para que cumplan sus tareas escolares, reprendiéndolas cuando no ayudan con el trabajo de la casa, o simplemente porque dejan un tiradero la casa. Es una realidad que muchos podemos construir en la armonía y estabilidad de un hogar.

La tristísima situación a la que se refiere Ban Ki-moon en la que muchas adolescentes, por cultura, por falta de educación de sus padres, por desintegración familiar, son casadas o empujadas a casarse cuando apenas están dejando los juegos infantiles, y a veces ni eso.

Enfrentan la atención de un hogar o de un embarazo, sin que física ni emocionalmente estén preparadas. Se les dificulta el acceso a la información básica sobre su salud y sus derechos humanos y reproductivos, lo que las hace vulnerables a enfermedades, lesiones y explotación. La situación empeora en adolescentes marginadas, que viven en la pobreza o minorías étnicas.

ATENDAMOS LOS DATOS Y ACTUEMOS EN CONSECUENCIA

Como servidores públicos, y especialmente como padres de familia, tenemos la obligación legal y moral de apoyar esfuerzos como el de la ONU en torno al Día Mundial de la Población, la Agenda 2030 y el objetivo específico de lograr la igualdad de género y empoderar a las mujeres y las niñas.

Sí, hay que invertir en las adolescentes, como dice el lema de este año del Día Mundial de la Población. Hay que convertir en positivo el discurso del secretario general de la ONU. Es decir, que las niñas y adolescentes vayan a la escuela y estudien, que sigan soñando con todo lo que tienen por delante y alcancen a cumplirlo. Que no encuentren trabas sociales ni culturales que les impidan hacer realidad sus ambiciones.

Condolernos con la agresión a una niña, a un niño, a cualquier ser humano, debe seguir siendo una reacción consubstancial al ser humano, porque eso seguirá moviendo nuestro ánimo para luchar contra esa otra parte de la humanidad “deshumanizada”, que acaso disfruta el dolor ajeno, o lo permite, o lo genera por razones que nos cuesta trabajo entender como razones humanas.

No podemos vivir en un mundo polarizado de buenos y malos, donde las diferencias se confrontan a balazos o bombazos, donde igual pagan culpables e inocentes, donde se privilegia la violencia y la indolencia de muchos, la corrupción, la falta de acción, permite que millones de seres humanos sigan sufriendo.

La acción es, debe ser, nuestra premisa. Primero, apoyando los esfuerzos como el de la ONU, que ya dijimos líneas arriba. Segundo, organizándonos en nuestro entorno, qué hacer y cómo hacerlo. Tercero, informándonos, cuidándonos unos a otros, y particularmente a nuestros infantes y adolescentes.

Si lo hacemos así seguramente obtendremos resultados favorables, en especial para nuestras adolescentes. Vale la pena.