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Diálogo en el infierno: Le Pen y Montesquieu

  • Camilo Kawage

1.- Un país donde la helada tardía en los viñedos de Borgoña puede tener mayor incidencia en la decisión del voto que un ataque terrorista en lo que para ellos es el corazón del mundo; un país que no sin prendas se considera la cuna de las luces y el núcleo de la civilización moderna, origen de la identidad y del orgullo de la pertenencia, y cuyos ciudadanos enarbolan el más liberal de los conservadurismos, sale hoy temeroso y asustado a elegir presidente en primera vuelta, preludio de tempestad, o de brisas estivales sin vuelcos más bruscos. La situación de riesgo, ya alto antes del jueves, se ha vuelto más grave después de la muerte de un policía a manos de un fanático en los Campos Elíseos, y la elección aún más impredecible.

2.- El abanico fluctúa de la extrema derecha a una izquierda no menos radical, con el filón gaullista –hasta hace un par de meses con altas probabilidades previo a revelaciones de haber abusado del dinero público- y un centrista independiente de reciente aparición entre los polos. De la izquierda dura, Jean-Luc Mélenchon propone nada menos que una “alianza bolivariana” con Cuba y Venezuela, y tasar al 100 por ciento los ingresos arriba de cierta cantidad. Con pocas posibilidades según las cábalas, este personaje parece querer una Francia de la comuna, que ahí también se inventó, solo que muchos relojes atrás.

3.- En el primer caso, la señora Le Pen ha mantenido sus bonos ofreciendo cerrar fronteras y mezquitas, sacar a Francia de la Unión Europea y volver a una especie de cavernas medievales para impregnar su ultranza. El ataque del jueves solo refuerza su andanada contra la migración, si mal olvida que de ése, y de los anteriores actos terroristas, los carniceros han sido ciudadanos franceses, y que el discurso del odio que a ratos reditúa puede engatusar a las juventudes, pero es capaz de enajenar aún más a una población demasiado fresca en holocaustos.

4.- Las líneas de campaña de la candidata las conocemos por cercanas, se parecen a las de su amigo el señor Trump y sobra repetirlas: Francia para los franceses, fuera pied-noirs, y pura raza aria. Con la salida de Francia que propone, se termina la Unión Europea, ese fenómeno de la paz y de la voluntad de colosos que logró la reconstrucción del continente cuando no quedó piedra sobre piedra tras la algarada de uno que cumplió su plan de aniquilar razas enteras, apenas en el ayer en la tarde de la Historia. Ese mismo orgullo de la “excepción francesa” como les encanta llamarla, es el que ha sufrido la humillación del terrorismo foráneo, y la solución de la señora es el brote de los dies irae, los días de ira que inspirara Mozart.

5.- El otro de los cuatro prospectos, y junto con la anterior con más posibilidades de acuerdo con las apuestas, es el independiente de centro Emmanuel Macron. Banquero y exministro de Finanzas, parece el más equilibrado en ese mapa incierto, si es que el gaullista Fillon no diera una sorpresa. A pesar de carecer de experiencia parlamentaria y no haber sido electo antes –requisitos no escritos indispensables-, propone reforzar la Unión Europea y sus instituciones, favorece el libre mercado y la movilidad laboral, con todos los ajustes y recortes que urgen en un país que precisa crecer más y más pronto.

6.- El de hoy en Francia será un anticipo de la Europa que viene. No seca aún la tinta del Brexit y Trump conociendo sus limitaciones; medio planeta contra la pared y los fanatismos a flor de piel, México tiene dos volúmenes que estudiar de este avatar de los tiempos.
camilo@kawage.com