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Dignificación de la política electoral

  • Mireille Roccatti

  • Mireille Roccatti

*utcumque est ventus, exim velum vortitur
La realidad socio-política se impone en  los procesos electorales de este año. Los incidentes, digamos normales, de estos procesos han estado presentes, así como los propios de esa especial picaresca política con debates mediáticos risibles. Ataques infamantes aderezados con calumnias y excesos de todos los partidos y candidatos participantes, alianzas de última hora y un largo etcétera de acciones que debieran erradicarse o no deben tener lugar en un genuino régimen democrático.

La dignificación de la política es un tema que puede y debe verse como un objetivo a corto plazo de nuestra normalización democrática y no como utopía. Tal parece que nuestra clase política no entiende, ni percibe el hartazgo y la ira social contenida en contra de la partidocracia y sus prácticas corruptas.

Los partidos y los candidatos pese a pactos de civilidad y a la propia regulación electoral se empecinan en enturbiar los comicios tanto con prácticas ilegitimas de consecución de votos como chapoteando en el fango del insulto, la descalificación artera, la infamia, la calumnia. Olvidan -la mayoría- que la Política como actividad superior del hombre debe regirse por principios y valores superiores y no por las mezquindades o intereses de cualquier índole de un sector de la sociedad.

Hay que recordar que el próximo junio se verificarán comicios locales en el Estado de México, Nayarit y Coahuila donde se renuevan las gubernaturas y en Veracruz, donde se eligen presidentes municipales.

Los procesos ya iniciaron y para las gubernaturas, la guerra de lodo y estiércol que hemos referido, se presenta en dos fases, primero al interior de los partidos entre los precandidatos y luego una vez ungidos entre los abanderados de las distintas fuerzas políticas.

En estos días, hemos testimoniado los primeros escarceos o en algunos casos los segundos o terceros episodios de esa guerra soterrada primero intestina, por la imposición de candidaturas por los órganos centrales de los partidos y luego, una vez ya ungidos, y pese a las divisiones internas y resentimientos al interior de las organizaciones partidarias, entre quienes solo tienen como propósito a cualquier costo derrotar al PRI y olvidan principios, ideología y valores, enzarzándose en una espiral de violencia verbal, apoyados con encuestas engañosas hechas a modo y ahora apoyándose además, con la utilización de las redes sociales, para crear “posverdades” sin importar en la manipulación sean ciertas o falsas.

Se recurre así mismo, con total impudicia en las redes, a medias verdades o mentiras completas y se reproducen multiplicándose artificialmente. Y para quienes se oponen, disienten, aclaran o precisan lo menos que pueden esperar es un linchamiento inmisericorde.

La mayoría de los mexicanos deseamos que estas contiendas electorales eleven su nivel, que la discusión sea respecto de programas o planes de gobiernos, en torno de políticas públicas, que los candidatos tengan visión de futuro y propuestas de cambio para un mejor futuro de sus pueblos y comunidades. Ése es el reto.
*Según sopla el viento, se orienta la vela.