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Dimes y diretes partidistas / Cuchillito de Palo / Catalina Noriega

  • Catalina Noriega

La corrupción ahoga a los partidos y, a la búsqueda de una tabla de salvación, se enredan en pleitos internos. De momento, el PRI se salva por la liberación, a cargo de la fiscalía española, de su exlíder Humbertito Moreira.

El PAN hace agua con el enfrentamiento entre Calderón y su suspirante Margarita y Ricardo Anaya, actual cabeza del blanquiazul. Los descontones surgieron por la diputada sinaloense, Lucero Sánchez, visitante del “Chapo” Guzmán, según dicen las malas lenguas, madre de su último chilpayate, y asidua al penal de alta seguridad con documentos falsos.

La Zavala, en plena campaña para el 2018, exigió que se indague a quienes la apadrinaron para llegar al cargo. En ese entonces, Gustavo Madero dirigía a las huestes azules. Anaya hizo frente al conflicto, destituyó al encargado de la fracción panista en el Congreso local y le inició una investigación.

Pide ahora que se le retire el fuero a la cuestionada legisladora y que se aceleren las pesquisas en su contra. Todo un enredo vergonzoso al cobijar en sus propias filas a una emisaria del megamaloso narco.

En el PRD, su dirigente, Agustín Basave, está entre la espada y la pared. El caso Morelos arrecia las inquinas y el divisionismo. El gobernador Graco Ramírez se sube al cuadrilátero contra el alcalde de Tlaquiltenango, Enrique Alonso Plascencia, en un primer round por el rechazo del munícipe al Mando Único que se orquesta a nivel estatal.

Al tal Plascencia le sacan los trapos al sol: haberse casado con una hiena que abusó y mató a una menor, sentenciada a más de 40 años, además de tener antecedentes penales por involucrarse en un tema de unos guatemaltecos en Chiapas, por lo que tuvo serias acusaciones.

El edil anduvo la semana pasada, de micrófono en micrófono, argumentando que es inocente y que se hizo un montaje para fastidiarlo. Que jamás se casó con la delincuente de marras y que salió exonerado del problema de Chiapas.

Su padrino, como lo comentamos en esta columna, es el senador Fidel Demédicis, a quien ahora también le llueven acusaciones. Se le involucra nada menos que en el homicidio de la alcaldesa de Temixco, Gisela Mota, a quien se quitó de en medio porque alentaba el combate a las mafias y la instalación del Mando Único. A la joven, cercana a Graco Ramírez, la sustituyó su propia madre (por órdenes de Graco) y no la suplente, a la que patrocinaba Demédicis.

Los senadores perredistas, ante los dichos contra su par, pusieron el grito en el cielo y afirman que no hay una sola prueba y que solo son calumnias. El propio Demédicis insiste en que no sabe qué le sucede a quien fue su amigo, el tan polémico gobernador y que todo son inventos del hijastro de este, Rodrigo Gayosso.

Hierve el sol azteca morelense y quema a su alrededor. Se sacan los ojos los rudos, de trayectorias zigzagueantes, conflictivas y de fama tirando a negra. Graco Ramírez nunca ha sido una perita en dulce y menos ahora, que aspira, de acuerdo a sus declaraciones, a llegarle a la grande.

Su mandato ha sido puesto en tela de juicio por fuertes sectores sociales, quienes lo acusan de represor, de falsear cifras y, sobre todo, de muy poco honrado (se habla de un faltante millonario). Y en Morelos, aunque poco se diga, la delincuencia está entronizada y sigue en plena impunidad.

A veces cuesta creer que la delincuencia organizada y el narco se filtraron a todos los niveles. Morelos y la diputada sinaloense, además de otros legisladores como Julio César Godoy, confirman hasta dónde han llegado.

catalinanq@hotmail.com

Twitter: @catalinanq