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Directo y sin rodeos | Punto de vista | Jesús Michel Narváez

  • Jesús Michel

Sin levantar la voz. Pausado y paternal. Palabras enérgicas, pero pronunciadas con suave entonación. Sin embargo, el contenido tenía más fuerza que el golpe del “Canelo” en la mandíbula. Si a quienes les dirigió el mensaje no les quedaron los sacos, es que no hay sastre que se los confeccione.

Francisco no se anda por las ramas. La Iglesia no necesita príncipes y menos dejarse corromper por el materialismo trivial, les dijo. Quizá muchos purpurados miraran a la cúpula de Catedral y se limpiaran los oídos, porque seguramente no daban crédito a lo que el Sumo Pontífice estaba diciendo.

¿Cómo podemos dejar de llamarnos príncipes si el cardenalato eso significa?, probablemente se preguntaban. Y del narcotráfico, que ha penetrado en las esferas eclesiásticas comprando la presencia de sacerdotes e inclusive “expríncipes” para santiguar matrimonios, bautizos, cumpleaños y hasta sepelios. No son pocos los usuarios de las sotanas que hasta agua bendita arrojan sobre los féretros de criminales.

¿Habrán escuchado o solamente oído? “Les ruego por favor no minusvalorar el desafío ético y anticívico que el narcotráfico representa para la juventud y para la entera sociedad mexicana, comprendida la Iglesia”, decía el Vicario de Cristo con su pausada pero nunca apagada voz.

Imposible no advertir el desencanto del cardenal Norberto Rivera. Entre el Papa y el cardenal se mostraba la enorme distancia. Ambos se conocieron hace dos décadas. Y Francisco sabe cómo es el arzobispo Primado de México. La frialdad se sintió hasta en el desierto antes de llegar a la tierra prometida.

E-mail: jesusmicheldir@oem.com.mx

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