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Disfuncional evolución de los partidos

  • Alejo Martínez

  • Alejo Martínez Vendrell

Algo extraño y complicado para explicar está sucediendo en múltiples países, pero lo real es que está sucediendo y se trata de un creciente desprestigio y falta de credibilidad en los principales partidos políticos con mayor tradición, desde las democracias más arraigadas o avanzadas hasta en las naciones de menor desarrollo. El caso es que los nuevos partidos ya evitan en todo lo posible designarse como tales. Escogen su denominación eludiendo a toda costa utilizar la desprestigiada palabra partido y se esfuerzan por presentarse no solo como algo distinto sino hasta contrapuesto a los políticos tradicionales.

Dentro del libro “Gobernando el vacío” de Peter Mair, un estudioso irlandés que se ha especializado en el análisis sistemático de los partidos políticos, me ha llamado en especial la atención la parte donde comenta sobre las funciones de los partidos, de la cual presento aquí una muy breve síntesis.

Mair expone la evolución que se ha venido presentando principalmente en la Europa desarrollada, pero que encuentra también notables similitudes en otras muchas naciones. Se ha transitado así, primero de los partidos de masas del auge sindical hacia los “atrapa-todo” de Otto Kirchheimer y después de éstos hacia los actuales partidos “cártel”, a los que considera caracterizados porque se encuentran en interpenetración con el Estado y tienden a coludirse con otros partidos.

Una de las razones fundamentales de su acercamiento e interpenetración con los Gobiernos radica en la creciente independencia económica de sus afiliados, patrocinadores y simpatizantes, para transitar hacia una creciente dependencia económica de fuentes gubernamentales. “Las últimas décadas del siglo XX presenciaron cómo los partidos se retiraban gradual pero inexorablemente del ámbito de la sociedad civil hacia el ámbito del Gobierno… cada partido tiende a distanciarse más de los votantes, a los que supuestamente representa, al tiempo que se asocia más estrechamente con los protagonistas rivales con los que supuestamente compite”. Y citando a Andy Andeweg se esclarece la nueva relación: “El partido se convierte en el representante del Gobierno en la sociedad, en vez de ser cabeza de puente de la sociedad en el Estado”.

En el marco de este creciente divorcio entre sociedad y partidos, éstos han encontrado o conquistado un vital apoyo proveniente del Gobierno, el cual a su vez opera para venir reforzando y consolidando su divorcio o distanciamiento con la sociedad: “Las subvenciones del Estado a los partidos políticos han compensado la incapacidad de éstos para obtener suficientes recursos de sus miembros y partidarios… Al mismo tiempo los ciudadanos se apartan de los partidos y de la política convencional, que ya no parecen formar parte de su mundo… mientras que las élites ocupan un espacio cada vez mayor en el cual perseguir sus intereses particulares”.

Los partidos experimentan algo similar a lo que sucede con nuestras entidades federativas que han decidido depender cada vez más de los ingresos fiscales cobrados a la ciudadanía por el Gobierno federal, eludiendo los Gobiernos estatales y municipales dar la cara ante sus contribuyentes, lo cual ha contribuido a que sus presupuestos sean ejercidos de manera sumamente irresponsable, en buena parte amparados por la distancia establecida ante quienes los Gobiernos locales debieran figurar como cobradores de los impuestos.

La dependencia económica de la sociedad crea vínculos de responsabilidad.
amartinezv@derecho.unam.mx

@AlejoMVendrell