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Disputas miserables

  • Pedro Peñaloza

Pedro Peñaloza

¡Qué pobre memoria es aquella que solo funciona hacia atrás!

Lewis Carroll

1. El PRI: naftalina, incienso y desesperación. La cúpula peñista vive atrapada entre su historia y el presente. Los descalabros en las recientes elecciones estatales echaron abajo las cuentas alegres que habían calculado en el cuarto de guerra de Los Pinos y en el de Beltrones. El hastío generalizado que han provocado las inconsistencias gubernamentales tuvieron facturas que se pagaron sin remedio. Los peores escenarios fueron rebasados provocando un colapso silencioso, pero contundente, para los planes futuristas de esta fracción priísta, tan glotona como torpe.

Si algo faltaba para dimensionar la avaricia del grupo político dominante, basta analizar el nombramiento del nuevo presidente del partido tricolor, Enrique Ochoa Reza, el cual fue ungido con las añejas prácticas metaconstitucionales (Carpizo “dixit”), cuyo comportamiento será dúctil e incondicional al imberbe Peña Nieto. Ahora sí el Grupo Atlacomulco tendrá el timón del partido y no es ninguna casualidad, puesto que el paso siguiente en el campo de batalla es la “elección madre”, es decir, el Estado de México, cuyo resultado será notablemente influyente para las elecciones presidenciales. Es evidente, que el jovenzuelo Ochoa no tendrá ningún margen de decisión ni autonomía, todo, pero todo, se decidirá en Los Pinos y en otros predios de lujo.

2. La luna de miel del panismo. El otro joven imberbe, pero de filiación política distinta, se siente poderoso, nos referimos al presidente del PAN, Ricardo Anaya, quien iluso y fantasioso cree que los triunfos obtenidos provienen de su sabia dirección y de sus propuestas, lo cual es evidentemente falso. La revuelta electoral que colocó al PAN con un número significativo de gubernaturas y demás poderes fue la combinación de múltiples factores, en donde centralmente influyó la errática conducción de Gobiernos locales y del deficiente paraguas del Gobierno federal. Ahora, la derecha se podría convertir en una opción “sensata” para la elección de 2018. Las prácticas comunes del panismo no provocarán ninguna ruptura, son monolíticos y religiosos en sus decisiones internas. Margarita Zavala solo podrá ser candidata de su partido, no tiene la experiencia y la consistencia para colocarse como independiente. Quizá la disciplinen e impongan al jovencito Anaya en la candidatura. Aunque, no está claro que les pueda alcanzar su votación sin alianzas, en este caso, con el PRD. Eso se dibujará pronto. Lo que sigue es que los azules se erijan como una oposición radical pero bien portada.

3. La izquierda y su andar en círculos. En una crisis de la naturaleza estructural como la que vive el país, la presencia de una izquierda vigorosa y programáticamente firme, podría ser una magnífica oportunidad para disputar el poder político en serio. Sin embargo, estamos en presencia de agrupamientos débiles y de mirada corta, por un lado, el PRD convertido en una grotesca agencia de colocaciones, y en el otro flanco, Morena, inventado para ser una franquicia al servicio de López Obrador. En esas condiciones podría ser impensable ver un polo de izquierda con organismos electorales y sociales que enarbolaran una plataforma electoral que pusiera como núcleo la modificación del modelo de desarrollo económico, y de manera enfática la lucha contra la desigualdad social. Evidentemente, esto parece lejano, ya que la pequeñez de sus dirigentes ni siquiera les da para ser al menos pragmáticos.

Epílogo. En tanto los partidos se enfrascan en la orgía de las prebendas, los problemas de seguridad, de corrupción, pobreza e impunidad florecen sin cesar. Las perspectivas para las mayorías no son nada edificantes, las minorías opulentas seguirán nadando en el archipiélago de sus privilegios.

pedropenaloza@yahoo.com/Twitter: @pedro_penaloz