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Diversidad de familias y de denominaciones

  • Eduardo Andrade

La conciliación en cuanto al matrimonio igualitario se hace indispensable, pues el tema polariza a una sociedad urgida de acuerdos y no de nuevos motivos de discordia. El tejido social se ha afectado en las últimas décadas de modo preocupante y no conviene desgarrarlo con enfrentamientos entre grupos cuyas demandas podrían compatibilizarse. De ahí que si la propia Iglesia católica —cuya jerarquía debe cumplir el mandato constitucional que la obliga a no confrontar a las instituciones, pero que influye notoriamente sobre su feligresía en este rubro— ha expresado una cierta flexibilidad frente a las uniones diferentes a las heterosexuales, conviene explorar una solución que las reconozca constitucionalmente sin que tengan la denominación de matrimonio. No se trata, por supuesto, de favorecer la postura de una o varias asociaciones religiosas, sino de reconocer la existencia de un sector conservador ampliamente constituido, que reclama lo mismo que otros grupos: el respeto a sus planteamientos en una sociedad democrática y el reconocimiento a una orientación sexual específica: la heterosexual, en el seno de esa diversidad.

Hoy podemos identificar un terreno común: la coincidencia de las demandas, tanto del sector conservador como de la comunidad LGBT: el reconocimiento a la diversidad, esto es que frente a la tradicional división binaria de géneros es preciso admitir que en la realidad las orientaciones sexuales no pueden reducirse a esas distinciones y que la diversidad de tales orientaciones debe ser reconocida y respetada en cuanto al ejercicio de sus derechos. Entre tales derechos está el de fundar una familia y en tal razón, la ley debe regular diversos tipos de familia.

Sobre estas dos premisas es factible plantear la existencia de diversos modelos de familia, sin que ello suponga un trato discriminatorio. En el Derecho existen distinciones en los nombres de las formas asociativas según su estructura y fines. Para constituir una empresa con fines de lucro se constituye una sociedad mercantil, no un sindicato, cuya finalidad es defender un interés gremial. Negar el registro a una sociedad civil que pretendiera el reconocimiento de partido político, no podría considerarse discriminatorio. La denominación prevista para las asociaciones no se ha estimado nunca un signo de discriminación. Dentro de una misma rama jurídica conviven diferentes nombres para organizaciones con fines genéricos comunes; en el ámbito empresarial las sociedades mercantiles pueden ser “Anónimas”, “Anónimas de Capital Variable”, “de Responsabilidad  Limitada”, etc. En el laboral “Sindicatos de Empresa”, “de Industria” o “Patronales”; en el área financiera existen sociedades con distintos nombres como Sofoles, Siefores, etc. Estas distintas denominaciones responden al reconocimiento de la diversidad de conformación de las organizaciones aún cuando persigan fines similares.

Consecuentemente, las asociaciones familiares, como género, podrían denominarse de modos diferentes de acuerdo a su conformación y reservar el término “matrimonio” para la unión de hombre y mujer. La iniciativa presidencial dice textualmente: “El matrimonio es una forma, entre otras, de fundar una familia”. Podrían llamarse “sociedades de convivencia” las uniones distintas a las heterosexuales, distinguiendo entre las “de convivencia dual” para la unión homosexual y las “de convivencia múltiple” para las uniones bisexuales.

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