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Donald, el que no tiene preparación

  • Paul Krugman

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Betsy DeVos, a quien Donald Trump nominó para ser secretaria de Educación, desconoce los términos educativos básicos, no conoce los estatutos federales que rigen a la educación especial, pero piensa que los funcionarios educativos deberían portar armas para defenderse en contra de los osos pardos.

Monica Crowley, seleccionada como subasesora en Seguridad Nacional, se retiró después de que se reveló que había plagiado gran parte de lo que había escrito antes. Muchos otros puestos en Seguridad Nacional siguen vacantes y no se sabe qué tanto, si es que algo, se ha leído de los materiales informativos que preparó la administración saliente.

Entre tanto, Rex Tillerson, seleccionado como secretario de Estado, declaró de pasada que Estados Unidos bloquearía el acceso chino a sus bases en el mar de la China Meridional, al parecer, sin darse cuenta de que estaba amenazando con declararle la guerra, si China lo tomaba en serio.

¿Se nota algún patrón?

Era obvio para cualquiera que prestara atención que el gobierno entrante sería descaradamente corrupto. Sin embargo ¿Al menos será eficiente en su corrupción?

Sin duda que muchos de quienes votaron por Trump pensaron que estaban eligiendo a un empresario inteligente que haría que se hicieran las cosas. Y es posible que hasta quienes hayan esperado que el presidente electo, ya con el ego finalmente saciado, se sentaría a gobernar al país; o por lo menos, a delegar los asuntos aburridos de la gobernanza de Estados Unidos en personas realmente capaces de hacer su trabajo.

Sin embargo, no está pasando eso. Trump no ha cambiado o madurado, el término que prefieran. Sigue siendo el egomaníaco inseguro con poca capacidad de atención que siempre ha sido. Peor, se está rodeando de personas que comparten muchas de sus fallas; quizá porque es el tipo de gente con la que se siente cómodo.

Así es el típico designado de Trump, en todo, desde la economía hasta la diplomacia y la seguridad nacional, éticamente discapacitado, ignorante en el área de la política que se supone debe manejar y profundamente desinteresado. Algunos –como Michael Flynn, la opción de Trump como asesor en seguridad nacional– hasta son adictos, como su jefe, a las teorías de la conspiración en internet. No se trata de un equipo que compensará las debilidades del comandante en jefe; por el contrario, es un equipo que las amplificará.

¿Por qué importa? Si se quiere un modelo de cómo es factible que funcione (o no funcione) el gobierno Trump-Putin, ayuda recordar lo que pasó durante los años Bush-Cheney.

La gente tiende a olvidar el grado al que el anterior Gobierno republicano también estuvo caracterizado por el amiguismo, el nombramiento a puestos clave de personas no cualificadas, pero bien relacionadas. No fue tan extremo como lo que estamos viendo ahora, pero fue impresionante en su momento. ¿Se recuerda el “Brownie, estás haciendo una labor increíble”? Y causó un daño muy real.

En particular, si se quiere alguna noción del aspecto probable del gobierno de Trump hay que considerar la chapucera ocupación de Irak. No se buscó a la gente que sabía algo sobre construcción de naciones; los leales al partido – y especuladores corporativos – los remplazaron. Hasta existe una conexión poco conocida: el hermano de Betsy DeVos, Erik Prince, fundó Blackwater, la empresa de mercenarios que, entre otras cosas, ayudó a desestabilizar a Irak al disparar contra una multitud de civiles.

Ahora, las condiciones que prevalecían en Irak – ideología ciega, desprecio por la pericia, ausencia efectiva de cualquier aplicación de las reglas de la ética – han llegado a Estados Unidos, pero en una forma muchísimo más aguda.

¿Y qué pasará cuando enfrentemos una crisis? Hay que recordar que Katrina fue el evento que finalmente nos reveló a todos el costo del amiguismo de la era de Bush.

Siempre ocurren crisis de algún tipo en la gestión de cualquier presidente. Ahora, parecen especialmente probables debido al equipo que está entrando y a sus aliados en el Congreso: dadas las prioridades que han declarado las personas que están a punto de hacerse cargo, bien podríamos ver el colapso de la atención de la salud, una guerra comercial y un punto muerto militar con China, tan solo en el siguiente año.

Sin embargo, aun si, de alguna forma, esquivamos esos peligros, siempre pasan cosas. Quizá habrá una crisis económica nueva, ayudada por la premura para anular las regulaciones financieras. Quizá habrá una crisis de relaciones internacionales, por decir, debida al aventurerismo de Putin, el buen amigo de Trump, en los países bálticos. Quizá será algo en lo que no estamos pensando. ¿Y luego, qué?

Las crisis reales necesitan soluciones reales. No se pueden resolver con un tuit brutal o hacer que tus amigos en la FBI o en el Kremlin les faciliten historias a los medios que quiten tus problemas de las primeras planas. Lo que exige la situación es tener personas conocedoras y sensatas en cargos de autoridad.

Sin embargo, hasta donde sabemos, casi ninguna persona con esas características estará en el nuevo gobierno, excepto, posiblemente, el nominado como secretario de la defensa; cuyo apodo, resulta ser, “Mad Dog” (Perro Loco).

Así está la cosa: un gobierno corrupto sin precedente, pero también sin absolutamente ninguna preparación para gobernar. Va a ser tremendo, déjenme que les diga.