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Donald el travieso

  • Paul Krugman

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En el último par de meses, personas consideradas se han preocupando discretamente porque el Gobierno de Trump pudiera meternos en una crisis política exterior, quizá, hasta en una guerra.

Estamos en la era de Trump: en una llamada con Malcolm Turnbull, el primer ministro de Australia, el Presidente estadunidense alardeó sobre su victoria electoral y se quejó de un tratado existente para aceptar a algunos de los refugiados que están en Australia, y acusó a Turnbull de mandarnos a “los próximos bombarderos de Boston”. Luego, abruptamente, terminó la conversación después de solo 25 minutos.

Bueno, al menos Trump no amenazó con invadir a Australia. En su conversación con el presidente Enrique Peña Nieto de México, no obstante, hizo exactamente eso. según Prensa Asociada, le dijo al dirigente, democráticamente elegido, de nuestro vecino: “Usted tiene un montón de hombres malos allá. No está haciendo lo suficiente para detenerlos. Yo creo que su Ejército está asustado. Nuestro Ejército no lo está, así es quizá solo lo mando para que se haga cargo.”

Fuentes de la Casa Blanca dicen ahora que esta amenaza –hay que recordar que, de hecho, Estados Unidos ha invadido a México en el pasado y no se les ha olvidado a los mexicanos– fue una broma desenfadada. Si se cree eso, yo vendo un muro en la frontera que va a pagar México.

Los exabruptos con México y Australia han eclipsado a una guerra de palabras más convencional con Irán, el cual probó un misil el domingo. Se trató, definitivamente, de una provocación. Sin embargo, las advertencias de la Casa Blanca de que iba a “poner bajo aviso a Irán” plantean la pregunta: ¿aviso de qué? Dada la forma en la que el Gobierno ha estado alejando a nuestros aliados, no habrá sanciones más estrictas. ¿Estamos listos para una guerra?

También hubo un curioso contraste entre la respuesta a Irán y la respuesta a otra provocación más grave: la escalada de la guerra sustitutoria de Rusia en Ucrania. El senador John McCain llamó al Presidente a ayudar a Ucrania. Extrañamente, no obstante, la Casa Blanca no ha dicho absolutamente nada sobre las acciones de Rusia. Esto se está poniendo algo obvio, ¿no es cierto?

Oh, otra cosa más: Peter Navarro, el jefe del nuevo Consejo Nacional de Comercio, acusó a Alemania de explotar a Estados Unidos con una moneda subvaluada. En ese tema, hay una interesante discusión sobre economía que debe darse, pero se supone que los funcionarios de un Gobierno no deben hacer ese tipo de acusaciones, a menos que estén preparados para pelear una guerra comercial. ¿Lo están?

Yo lo dudo. De hecho, este Gobierno no parece estar preparado en ningún frente. Las beligerantes llamadas telefónicas de Trump, en particular, no suenan como el desarrollo de una estrategia económica o, siquiera, política (los maquinadores astutos no pierden el tiempo en alardes sobre victorias electorales y quejas por los reportajes mediáticos sobre el tamaño de las multitudes).

No, lo que estamos oyendo suena a un hombre que está desbordado y fuera de control, que ni siquiera puede fingir que domina su sentimiento de inseguridad personal. Sus dos primeras semanas en el cargo han sido un caos absoluto y las cosas solo siguen empeorando, quizá porque responde a cada debacle con un intento desesperado por cambiar el temor, lo cual solo lleva a una nueva debacle.

Estados Unidos y el mundo no pueden seguir así. Solo hay que verlo así: si se tiene a un empleado que se comporta de esa forma, de inmediato se lo quita de cualquier cargo de responsabilidad y se le sugiere enfáticamente que busque ayuda terapéutica. Y este tipo es el comandante en jefe del Ejército más poderoso del mundo.