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Dos mundos / Pedro Peñaloza

  • Pedro Peñaloza

¿Cómo sentir el orden establecido como algo propio cuando han borrado todas mis huellas? ¿Por qué deberíamos sentir orgullo del país y de su desarrollo, cuando no somos parte de su historia?

Norbert Lechner
1. Reflejos, rutinas y dogmas. Se insiste un día y otro también, que la “gran solución” al tema de la inseguridad pública podrá lograrse si todos los municipios del país se adhieren al esquema de “Mando Único”. Es decir, se reciclan los antiquísimos discursos atrapados en visiones unívocas y groseramente simplistas. No es casualidad, las clases dominantes y su aparato político requieren de acciones que contengan y disminuyan los delitos, aunque el origen de ellos esté localizado en una diversidad de explicaciones de carácter socioeconómico. Por ello, no es casual que el licenciado Peña Nieto concurra en días pasados a una reunión con los dueños del dinero, agrupados en el Consejo Mexicano de Negocios (CMN), donde se encuentran los 50 empresarios más fuertes del país, para ensalzar su política de seguridad y ofrecerles una “nueva estrategia de seguridad”, atreviéndose a decir que sus acciones estarán orientadas a “focalizar” las acciones de la fuerza pública en comunidades y municipios, “que observan índices de criminalidad mayores o fuera del contexto que nacionalmente tenemos”. (La Jornada, 20/01/16 p.21). Sí, de lo que se trataba y ha sido el recurrente discurso del inquilino transitorio de Los Pinos, es congraciarse con esa obscena minoría que se apropia de la mayoría de la riqueza nacional a costa de la precarización y la exclusión de millones de mexicanos que solo poseen su fuerza de trabajo. La escenografía construida discursivamente es simplificar los complejos problemas de las violencias, con más instrumentos punitivos, léase más policías, más cárceles y más dispositivos penales.

2. Un mundo invisible pero existente. Ya los informes de Oxfam, Coneval y algunos de la CEPAL nos han demostrado e ilustrado la pavorosa crisis y desesperanza en que viven amplios grupos de jóvenes, no solo en México sino también en América Latina. Ahora, hace un par de días el Banco Mundial presentó el estudio, “Ninis en América Latina: 20 millones de jóvenes en busca de oportunidades”, el cual define a este grupo como “individuos entre los 15 y 24 años que no están matriculados en la educación formal (pública o privada) ni trabajan en el momento de ser encuestados. Uno de cada cinco jóvenes del continente, más de 20 millones de personas, se encuentran en esta situación. El texto señala que “en Colombia, México y América Central la proporción de ninis está por encima del promedio regional agravado por la presencia generalizada del crimen organizado. En estos entornos, el problema de los ninis puede estar vinculado al crimen y a la violencia, lo que aumenta los riesgos para los jóvenes y la sociedad […] Son tres factores los que vinculan a los ninis y a la violencia en México: un incremento en la proporción de ninis hombres, la falta de oportunidades laborales para los jóvenes y un incremento en el mercado ilegal que hizo que el crimen organizado demandara más trabajadores, lo cual también puede estar correlacionado con la violencia en países centroamericanos como Honduras Guatemala, Panamá y el Salvador”.

Epílogo. Los dos mundos que hemos fotografiado aquí, persisten y se reproducen cotidianamente y resultan contrastantes y reveladores de una narrativa oficial que busca, mediante la demagogia, tranquilizar a las esferas del alto nivel empresarial. El panorama económico nos indica que estas dos estampas –la orgía de la ganancia y la desesperanza juvenil– nos acompañarán por un largo tiempo. Terrible panorama.

pedropenaloza@yahoo.com/Twitter: @pedro_penaloz