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Dr. Eduardo Andrade Sánchez

  • Eduardo Andrade

Centralismo galopante

En mi entrega anterior inicié el análisis de las iniciativas recientemente presentadas por el Ejecutivo sobre impartición de justicia, las cuales no dudo responden a la sana intención de mejorar esta función del Estado mexicano. Ese es un gran mérito del Presidente, echar a andar un proceso que responde a una necesidad sentida. Ahora el Senado debe tomar en cuenta opiniones adicionales que permitan atemperar algunos extremos derivados de una perspectiva homogeneizante y centralista. 

Se ha extendido la noción de que el acaparamiento de la función legislativa nacional por el Congreso de la Unión será la poción mágica que resuelva los problemas del país en la seguridad pública, la transparencia, la rendición de cuentas, el equilibrio de las finanzas públicas, los procedimientos penales, la justicia para adolescentes, la ejecución de sanciones, la mediación para resolver conflictos, la organización de las elecciones, y ahora se quieren añadir los procedimientos civiles y familiares de manera que a los estados termine quedándoles la función de recoger los desperdicios municipales si bien les va. A eso se añade  una indefinida organización unificada de la función judicial en el país mediante un denominado Sistema Nacional de Impartición de Justicia cuyas bases ni siquiera se expresarían en el Texto Constitucional. El proceso centralizador avanza con más intensidad y rapidez que los incendios en Canadá como infalible receta para aliviar nuestros males. Si de verdad ese fuera el remedio habría que devolverle su crédito histórico a Santa Anna y retroceder a 1836. Podríamos substituir la celebración de los cien años de la Constitución de 17 por una conmemoración de los 180 años de las Siete Leyes Constitucionales y restaurar el centralismo. Los estados volverían a ser departamentos, su Gobierno pudiera de una vez confiarse a delegados designados desde el centro y así, de paso, nos ahorramos los gastos y las angustias de los procesos electorales locales.

Es preciso detener por un momento esta fiebre centralizadora que no ha sido precisamente pródiga en sus resultados. Todavía no acabamos de aterrizar la unificación nacional del Sistema Procesal Penal y ya se propone que entremos a otro túnel de incertidumbres centralizando los procesos civiles. Debemos pensar si esa es una adecuada respuesta a la necesidad de agilizar procesos. Yo he apreciado que sería más útil diversificarlos y atender a problemas concretos de justicia cotidiana que son diferentes en las diversas zonas del país. Podríamos establecer sistemas modelo de atención procedimental para los conflictos condominales en las áreas urbanas densamente pobladas, con normas simplificadas de resolución y sobre todo de ejecución.

En otros lugares esos procedimientos serían innecesarios y en cambio habría que enfrentar con igual agilidad las disputas por la posesión de predios rústicos y urbanos. Otro procedimiento simplificado podría servir para la atención de problemas derivadas del tránsito de vehículos o los problemas familiares, más con un enfoque conciliatorio que beneficie la funcionalidad de la familia como célula social, y no las visiones fragmentadas centradas solo en el elusivo concepto de “interés superior del menor” o la mera “perspectiva de género”. A partir de un modelo aplicable a cada uno de tales aspectos y otros que requieran medidas similares, “cada estado podría adaptar la normatividad adecuada a sus circunstancias” que es justamente la razón de ser del federalismo.

eandrade@oem.com.mx