imagotipo

Dr. Rafael Moreno Valle QEPD

  • Ramón Ojeda Mestre

  • Ramón Ojeda Mestre

¿Cómo definir a uno de los seres más extraordinarios que he conocido? Un hombre inteligente, sano, simpático, culto, educado, cordial, nacionalista fervoroso, honradísimo, generoso, caritativo, hombre de familia y galante. Charro y digno, sabio y sencillo. Amigo sin fisuras. Un tipazo inolvidable.

Hace un año murió nuestro gran amigo y maestro. Uno de los mexicanos más destacados de la contemporaneidad. Nos enseñó a amar a Puebla y eso cuenta mucho para quienes difícilmente conocemos el país que decimos amar y defender. Un eminente científico que hizo más hospitales que nadie en esta atribulada nación nuestra.

Le debo más: gracias a él, a Javier Galindo Ochoa, a Joaquín Álvarez Ordóñez y a la UNAM, recorrí México trabajando en comunidades de 500 a dos mil 500 habitantes en los sesenta para llevar agua potable, centros de salud o mejoras sociales. Cuando aúnveo esos hidrantes públicos en forma de una S, recuerdo con cariño cuánta pasión ponía el Dr. Moreno Valle en esas obras tan útiles para reducir las enfermedades.

Rafael Moreno Valle nació en Atlixco, hace cien años. Fue médico militar y gobernador. Fue un excepcional secretario de Salud de la República. Fue Senador. En 1942 estuvo en el Carrie Tingley Hospital y fue el primer mexicano que ocupó el puesto de jefe de Residentes en el Charity Hospital of Luisiana. En 1945 estuvo en la Universidad de Tulane, EU, donde se especializó en ortopedia, luego como cirujano del Hospital Central Militar. En 1967 fue nombrado secretario de Salubridad y Asistencia, cargo que dejó para asumir la gubernatura del Estado poblano. Me conmovió lo que Javier, su hijo y entrañable hermano mío, escribió:

“Hijo predilecto de su familia y de su ciudad, nació con buena fortuna y ésta lo acompañó hasta el final. Disfrutó a su familia, su profesión de médico militar, su ascenso a los niveles más altos a los que podía aspirar en todos los campos, amistades y amores verdaderos, prestigio y honores, la satisfacción de haber servido con honestidad y eficacia cargos públicos y encomiendas privadas de interés social. Sembró buena voluntad por doquier y cosechó amistades de las que era apasionado, las disfrutaba tanto como su afición por los caballos.

Caballeroso, disfrutaba ayudar a quien lo necesitara que se le atravesara en su camino y sin jamás buscarla, cosechaba gratitud de ricos y poderosos al igual que de pobres y desvalidos. Santo laico lo llamaban algunos amigos, que afirmaban que era el único santo verdadero, demócrata y republicano. Cuidadoso y respetuoso de las formas y del ritual, asumió el amor a su patria como el valor supremo, su lealtad a ésta inquebrantable.

Actor en unos, testigo cercano en otros, vivió algunos de los acontecimientos que marcaron la historia de México del siglo XX. La cercanía con muchos de los principales personajes, de manera fortuita, le daban una perspectiva privilegiada de los hechos y cuando los platicaba, destacaba las lecciones que había aprendido de éstos. Conversador inagotable, didáctico, era una lluvia de anécdotas que salpicaba con buen humor. Gracias por haberle dado lustre al apellido que orgullosamente llevamos, por tu generosidad, por el ejemplo de esfuerzo y honestidad, por habernos enseñado el valor de la lealtad, por tu desmedido amor paterno, por tu respeto y apoyo aun cuando no estuvieras de acuerdo. Muchas gracias por todo, por pedirle a Dios que nos colmara de bendiciones. Ahora es tu turno, que Dios te colme de bendiciones, como lo hizo toda tu vida y ahora con nosotros.” QEPD.
rojedamestre@yahoo.com