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Ecocidio en Cancún / De Cara al Sol / Andrea Cataño Michelena

  • Andrea Cataño

“Dios perdona siempre, el hombre, algunas veces y la Naturaleza, nunca”, esta frase de autor anónimo expone una verdad que desafortunadamente todos los días tenemos que comprobar. Él hombre, en menos de un siglo, ha destruido casi al punto de no retorno, el sagrado equilibrio ecológico de la Tierra; todo en aras del progreso, pero también de la codicia. El cambio climático es un ejemplo con el que tenemos que vivir y cuyas consecuencias modificarán para siempre la vida tal como la conocemos actualmente.

En nuestro país, apenas esta semana se cometió un verdadero ecocidio en Cancún. En la madrugada del sábado pasado, maquinaria pesada y unos cincuenta camiones, escoltados por granaderos, entraron en el manglar de Tajamar y arrasaron con 57 hectáreas de una zona que tendría que estar protegida. A su paso, las máquinas se llevaron también a todos los animales, matando a miles y sepultando a muchos vivos y mal heridos. Cocodrilos, ardillas y cuanto ser palpitaba dentro de ese perfecto ecosistema fueron masacrados sin ninguna piedad. ¿Y saben ustedes para qué? Para dar paso a un gran desarrollo inmobiliario de 800 mil metros cuadrados que bajo el nombre de Malecón Tajamar Cancún se construirá sobre más de un kilómetro frente a la laguna Nichupté, impulsado por el propio Fonatur. ¿Y la Semarnat? Bien, gracias.

Más de cien niños promovieron un amparo contra el proyecto el año pasado y lograron la suspensión de las obras. La comunidad de Cancún se ha unido en torno a la defensa del medio ambiente en su afán de frenar la destrucción de un preciado ecosistema irreemplazable en la zona de la laguna, pero el Gobierno que encabeza Roberto Borge Angulo afirma que la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental (DGIRA), dependiente de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) concedió  una Manifestación de Impacto Ambiental a favor del proyecto, misma que está vigente hasta febrero de este año, a pesar de que la Profepa ya había realizado tiempo atrás una inspección y determinado que el “responsable del proyecto (…) no exhibió las autorizaciones de ley correspondientes”.

La destrucción ha sido parte de la creación de Cancún. Para crear este centro turístico se destruyó parte de la selva, pero de esto ya pasaron 40 años y lo que fue un pequeño rasguño se ha convertido casi en una herida mortal que, además, se ha complicado con otras infecciones y nada parece detener los daños. Los manglares están en peligro de desaparecer en nuestro país, el que, por cierto, ocupa el segundo lugar mundial —solo después de Colombia— en ecocidio de manglares. Aquí se pierden anualmente ocho mil hectáreas de manglares al año y en Quintana Roo, sospechosamente, la autoridad brilla por su ausencia.

Los manglares son sistemas que contribuyen a la recarga de los mantos acuíferos, al control de inundaciones, a la estabilización de la línea costera (por eso están desapareciendo las playas) y son considerados como los riñones del medio ambiente, como recursos generadores de vida silvestre y forestal, además de una barrera natural contra fenómenos meteorológicos como los huracanes, que justamente por el cambio climático, cada vez serán más fuertes.

El Juzgado Segundo de Distrito radicado en Cancún, el 20 de enero pasado ordenó la suspensión provisional para que se frene el relleno de manglares en el polígono “Malecón Tajamar” gracias a la intervención del grupo ambientalista “Salvemos el Manglar de Tajamar”, pero el daño causado el sábado es irreversible. La sociedad se siente indignada e impotente y se pregunta ¿hasta cuándo van las autoridades a cumplir con su deber?

andreacatano@gmail.com