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Eduard Bernstein / José Roberto Ruiz Saldaña

  • José Roberto Ruíz Saldaña

En este 2015 se conmemoró el 165 aniversario del nacimiento de Eduard Bernstein (Berlín, seis de enero de 1850 – Berlín, 18 de diciembre de 1932), quien fuera considerado “uno de los hombres más brillantes de la nueva generación de marxistas” (Norman MacKenzie, Breve historia del socialismo) y se convirtiera en la referencia fundamental de la socialdemocracia.

Bernstein realizó severas críticas a las tesis de Marx y Engels a partir de 1896. Una de éstas fue sobre el no derrumbamiento del sistema capitalista. La cuestión, por consiguiente, era que al no presentarse el colapso del capitalismo, la clase obrera debía prepararse para vivir en éste. Si no se daba el fin de ese sistema, se debía propiciar, decía, “una elevada valoración del trabajo parlamentario, no tanto como movilización, aunque ésta también tenga su justificación, sino con relación a resultados legislativos positivos; con relación al logro de leyes dirigidas a producir las más profundas modificaciones posibles en el derecho y en la economía; una mayor apreciación de la significación social de los sindicatos desde el punto de vista de todas las funciones que son capaces de realizar en la vida económica; un elevado interés por la extensión y ampliación de sus organizaciones y, asimismo, un interés por la expansión y extensión de las cooperativas obreras de consumo” (Eduard Bernstein, Socialismo democrático).

Pero Bernstein no solo abogaba por la participación parlamentaria para todos los partidos y lo que ello implicaba, pensaba sobre todo en la participación política de la clase trabajadora, pues ahí “donde los obreros gozan del pleno derecho de sufragio democrático y han adquirido una conciencia de clase, plantearán al Estado exigencias cada vez mayores de índole cultural, que harán necesaria la dedicación de mayores fondos también” (Eduard Bernstein, Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia).

Como todo socialista, Eduard Bernstein pensaba que el valor fundamental era la solidaridad y que ésta solo se da en la democracia. Evidentemente, ese valor y objetivo solo era posible alcanzarlo por la vía de reformas sociales, lo que significaba que “solo un trabajo paciente puede, desde el interior, reformar la sociedad capitalista” (Jacques Droz, Historia del socialismo. El socialismo democrático).

Por supuesto, el camino democrático no sería fácil. Bernstein sostenía claramente: “La democracia no es ninguna varita mágica. También en ella hay que luchar, también en ella hay que acumular experiencia, también ella entraña peligros (…). Pero por eso mismo, precisamente, sigue siendo la forma imprescindible de realización del socialismo; por eso mismo, también, son condición ineludible en esta tarea la conquista y la erección progresiva de instituciones democráticas (Eduard Bernstein, Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia).

En este 165 aniversario de su nacimiento es reconfortante releer a pensadores y políticos, como Bernstein, cuya época, acción política y debates estaban guiados por ideas y no por pragmatismo político.

Consejero electoral del INE

@Jose_Roberto77

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