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Educación deficiente pero no atendida

Por Eduardo Peñalosa Castro*

Una de las cinco metas planteadas en el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 fue que México tendría para este periodo una educación de calidad. Sin embargo, los indicadores educativos han seguido a la baja y aun año del final de sexenio, no solamente no ha sido posible rectificar, sino que el declive se acentúa.

El rezago educativo, entendido como la falta de terminación de educación básica por parte del grupo poblacional mayor de 15 años, ascendió a 35% en 2015, según datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, por otra parte, en nuestro país aún se registra un 5% de analfabetismo y un máximo de 9.2 años de escolaridad promedio, esto es, poco más que el nivel de secundaria.

De acuerdo con la edición 2015 del informe del Programa Internacional de Evaluación de Alumnos (PISA), en educación básica tenemos un nivel bajo, inferior al promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), dado que en las evaluaciones realizadas México arroja niveles deficientes en matemáticas, ciencia y lenguaje.

Según la Secretaría de Educación Pública, en el nivel básico nuestro país ha mejorado en cobertura y prácticamente todos los mexicanos tienen acceso a la educación primaria y secundaria. Los problemas en este sentido inician en el nivel medio superior, donde la cobertura es de 74.25%, con una eficiencia terminal de 47%, y en especial, en el nivel superior, cuya cobertura asciende a cerca de 35% y solamente 22% de los alumnos que egresan obtienen un título.

La propia OCDE ha estimado que México es el tercer país con más jóvenes que ni estudian ni trabajan (7’248,400, que representan cerca del 20% de este grupo etario) y 56% de los mexicanos no tienen las habilidades mínimas para enfrentar las demandas de un mundo globalizado.

Un informe de 2012 identifica cómo mejoran los sistemas educativos de mayor progreso en el mundo, e identifica a algunos países que han avanzado sustancial y continuamente en la escena educativa global. Los sistemas educativos exitosos tienen en común que aplican intervenciones en función del nivel de desarrollo de sus propios sistemas y clasifican estos niveles en: de deficiente a regular, de regular a bueno, de bueno a muy bueno y de muy bueno a excelente. En el primer nivel los sistemas ayudan a los alumnos a obtener habilidades básicas de alfabetización y matemáticas, a través de la preparación de los docentes, y con esto elevar la calidad de acuerdo con un umbral compartido en todas las escuelas, en el segundo, de regular a bueno: se evalúa la calidad, se crean modelos adecuados de financiamiento, se estructura la organización de las escuelas y su pedagogía y siempre se trata de minimizar la variación del desempeño entre escuelas del sistema, en el tercero, de bueno a muy bueno: se profesionaliza la docencia y su conducción y se instauran las prácticas y la planeación de carrera necesarios para definir la profesión, en el cuarto, de muy bueno a excelente, se introducen prácticas de aprendizaje entre pares mediante una interacción a nivel de todas las escuelas y se promueve la experimentación y la innovación, dado que los docentes ya están capacitados y pueden ser agentes creativos de cambio.

Países como Singapur, Hong Kong o Corea del Sur han tenido esta mejora continua y han instrumentado estos cambios graduales. En México se requiere acotar las intervenciones de acuerdo con estos niveles. Es claro para todos que nos encontramos en un nivel deficiente, por lo que es preciso realizar una campaña para mejorar saberes en lectoescritura y matemáticas, así como preparar a los docentes para este efecto y que todos los involucrados estemos conscientes de la necesidad de redoblar esfuerzos para encaminarnos en una ruta de mejora continua.

*Exrector de la UAM Cuajimalpa. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel 1 desde 2008.