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Educación superior indígena, una asignatura pendiente

  • Raúl Aarón Pozos

  • Raúl Aarón Pozos Lanz
  • Absorción, cobertura, abandono eficiente terminal y reprobación

 

En sus diagnósticos, la Secretaría de Educación Pública admite que “las poblaciones indígenas en el ámbito educativo siguen presentando los porcentajes más bajos de absorción, cobertura, abandono, eficiencia terminal y reprobación en el país, lo que compromete gravemente el empeño de brindar una educación justa y pertinente para todos”.

Para quienes hemos trabajado en el sector educativo lo que dice la SEP no es nuevo y sí, en cambio, ha sido una constante preocupación. Hemos avanzado, sin duda, pero aún encontramos datos que proporciona la Unesco que nos remiten a un esfuerzo mayor:

En 2012, el 78 por ciento de la población indígena, con menos de 18 años se encontraba en situación de pobreza y el 33 por ciento en pobreza extrema. Además, el 93 por ciento no pudo ejercer al menos uno de sus derechos sociales, es decir, 9 de cada 10 presentaba alguna carencia en las áreas de educación, salud, alimentación, vivienda y seguridad social o han sufrido discriminación.

Los datos revelados por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación señalan que los hablantes de lenguas indígenas, consideran que el problema que más les afecta es la discriminación, la cual, en conjunto con la pobreza, los escasos apoyos del Gobierno y su lengua materna, constituyen, a decir de ellos mismos, los principales elementos que afectan su progreso social.

Sabemos además que hace falta, pese a todos los apoyos gubernamentales, una resignificación indígena, es decir, una nueva interpretación de todo lo que tiene que ver con esta población. Si atendemos la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas, ellos deben participar en la definición de sus contenidos educativos. Esto implica que intervengan también en detallar la forma en que el aprendizaje será evaluado.

Y no puedo obviar que hace falta mejor financiamiento, más infraestructura y una atención primordial a los docentes.

Hoy día investigaciones nos indican que pese a estrategias como la del Programa Nacional de Becas para la Educación Superior, que ha privilegiado a los estudiantes indígenas, no han sido suficientes. Por ello, como parte de la solución, se ha planteado el establecimiento de las universidades interculturales en zonas densamente indígenas, que significa diversidad, el enriquecimiento de su cultura, su valoración y respeto.

Además de apoyos económicos especiales para fortalecer becas o créditos que les permitan transitar a los estudios superiores sin sobresaltos.

El Estado mexicano, los Gobiernos, han avanzado, particularmente en la educación básica indígena, aunque ya mencionamos puntos que deben reforzarse. Necesitamos que más miembros de estas sociedades indígenas concluyan sus estudios universitarios y ayuden a la superación de sus comunidades y regiones.

No podemos calificar a nuestra sociedad como justa y democrática si no pasa por la atención a las comunidades indígenas, pero una atención real, de avances, de resultados cuantificables, lo que implica, en primer lugar, conocerlas, saber dónde están y cómo viven realmente.

Está previsto en la ley, y por tanto nos obliga, a la atención de los pueblos indígenas, lo cual no se logra plenamente sin su incorporación a la toma de decisiones, respecto a las estrategias y planes y programas que tengan que ver con su propio desarrollo.

Por décadas los indígenas y sus descendientes han sido tema de encendidos discursos políticos, de planes reivindicatorios que poco o nada se cumplen, justificación de programas fantasma de atención que solo han enriquecido a quienes los promueven desde escritorios y cómodas oficinas.

La justicia social no es posible sin la incorporación plena de las comunidades indígenas y sus miembros a la educación superior y a muchos otros beneficios que implica la sociedad moderna en la que hoy vivimos.

* Senador