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Efectos indeseados del vituperio

  • Camilo Kawage

1.- Se propone muchos fines y en su vituperio mide casi todos los alcances de su diatriba perversa. Agrede y descalifica a distintos decibeles según el blanco de su venganza, no importa el grupo específico de su audiencia, porque no se dirige a su audiencia sino a los titulares de la prensa que le recoge como sea todas sus lindezas. Crea sus propias noticias y entre más retorcidas más espacio le ocupan, y como demagogo profesional eso de la verdad no le mortifica nada. Pero estos días, con iracundia, el caudillo ha logrado sin proponérselo, encender una flama de unidad nacional en su contra, al insultar y provocar a las Heroicas Fuerzas Armadas de México, y cree que se vale porque el mundo no lo merece.

2.- Contrario a cuan peligroso se asume y temible se siente él mismo a cada inverecundia que profiere respecto a las instituciones que dice aborrecer, el personaje se muestra cada vez más predecible en la cortedad de lo que cree su ingeniosa e innovadora dialéctica. Lleva casi veinte años regurgitando las mismas afrentas en el mismo tono vesánico y destemplado que le ha ganado fama. En ese lapso no ha producido una frase, un pensamiento completo, una idea coherente que permita un análisis siquiera didáctico de su consistencia intelectual. Tiene claro que de no ser por las injurias, no podría mantenerse vigente en la opinión pública.

3.- No es raro por ello que rechace cualquier debate, cualquier cuestionamiento, ni aun a modo. En cualquier sociedad que se respete, los dichos -y la manera de expresarlos- del candidato lo tendrían fuera de la liza, no ésta que apunta a la próxima elección, sino la que emprendió con el mismo lenguaje cuando inició su guerra contra las instituciones quemando pozos petroleros en Tabasco a inicios de los noventa. Ni es novedoso, ni ha generado un solo concepto consistente del que se deduzca una teoría, cuantimenos una ideología.

4.- Ha de creer que todos los mexicanos somos igual de menguados -ojo la candidez- para no darnos la molestia de pensar que si no fuera por la solidez y la integridad de nuestras instituciones él no estaría desalojando bazofia de su ronco pecho con la libertad que lo hace. Ni siquiera estaría en la cárcel por difamación, delitos contra el honor ni atentado a la soberanía de la patria (como se usa ahora en Venezuela): se le tendría recluido en un sanatorio, aislado hasta de sí mismo. Pero no, él da por hecho que rompe arquetipos cuando dice que el pueblo uniformado no reprimirá al pueblo y que lo escuche Lenin, para no andarse con cuentos, o el duce de Predappio que tanto emula.

5.- Esos afanes de estrella de cine de los cincuenta nunca han dado provecho al “pueblo”, como se le llena la boca al decir. Los líderes de cartón generan daños al “pueblo” que tardan muchas generaciones en restañarse, y las figuras que creen que por su sola falta de gallardía y de decoro conquistan los corazones tienden más a engañar con su propaganda desbocada y su demagogia descocada, que a edificar sobre la Historia, a consolidar a las naciones y a brindarles esa noción de certeza, confianza y aplomo que garantizan la seguridad en el futuro, la felicidad del “pueblo” de que tanto alardea el redentor.

6.- El pueblo es capaz, no obstante, de cuantificar el atraso que el petate de este predicador ha infligido entre nosotros. También lo es de aquilatar el clamor de unidad nacional que contra su intención ha provocado. Hora de tomarle la palabra, esta vez a nuestro modo.
camilo@kawage.com