imagotipo

El Agua del Molino

  • Raúl Carrancá y Rivas

  • Raúl Carranca y Rivas
  • El Día del Abogado

El pasado martes 12 se celebró en el país el llamado Día del Abogado. ¿Día de reflexión, de pesimismo, de renovación de una fe opacada por las experiencias violentas, casi inmisericordes? Elegir una carrera, que se supone se ha hecho por auténtica vocación, es decir, por inclinación a una profesión pero también por convocación y llamamiento, me hace recordar la muy célebre frase de Piero Calamandrei, que no me canso de repetir, en su Elogio de los jueces escrito por un abogado: “Para encontrar la Justicia es necesario serle fiel: como todas las divinidades, se manifiesta solamente a quien cree en ella”. Yo no me canso de repetir esta bella y elocuente frase porque implica una especie de revelación del espíritu de la Justicia. Primero hay que creer en la Justicia, tener fe en ella. Y si no la tiene el abogado su vocación flaqueará volviéndose entonces una mera afición. Seríamos simples aficionados del Derecho y al Derecho, no abogados ni mucho menos juristas. ¿Pero por qué se cree en la Justicia, por qué se le tiene fe? Credulidad y fe derivan, se desprenden, como la rosa del rosal, de un convencimiento intelectual porque se ha razonado acerca de ello, ya que lo otro no sería fe sino fanatismo, o sea, tenacidad sin reflexión, mero apasionamiento sin substancia. En consecuencia, y en la hipótesis, carecería el abogado del alma de su profesión que lo mueve a defender el Derecho y la Justicia. Y no hay que olvidar que esa alma suele valer más que el mismo conocimiento; como tampoco hay que olvidar nuestro lema universitario: “Por mi raza hablará el espíritu”. Siendo que el espíritu habla en nuestra profesión, bien llevada y bien entendida, como en ninguna otra.

Hay una célebre frase latina, que deriva de la fuente del Derecho Romano, Ius Semper Loquitur, y que lleva por nombre uno de los auditorios de la Universidad Nacional Autónoma de México. Se trata del ideal, de que el Derecho hable, porque hablar en este sentido significa hablar con la verdad y, por lo tanto, con la Justicia. Pero la denigración de esta idea ha llevado a decir Ius Non Semper Loquitur, porque el deslustramiento de nuestra práctica profesional se debe a factores totalmente opuestos al Derecho y a la Justicia: la prevaricación, la inmoralidad, la ignorancia, el deterioro de la fe en el sentido de la abogacía como resultado de la violencia que nos acosa. ¿Día del Abogado? Día de profunda recapacitación porque uno de los pilares de la sociedad, de cualquier sociedad, es la Justicia que se expresa en un Estado de Derecho no solo simulado ni declarado solemnemente. Están a prueba nuestros ideales, nuestro compromiso moral. Pero por algo se empieza y es por la convicción de que en medio de tanta corrupción deberá vencer la Justicia. Es el deber ser que ahora nos impone la vida. Día del Abogado, día de probarlo. En todo frente, en toda ocasión, luchemos por el Derecho en nombre de la Justicia. Formemos un grupo que de manera individual o colegiada proteste con la voz del Derecho ante la violencia y el desacato evidente y probado a la ley. Son horas difíciles, como pocas ha habido en México, y por eso los abogados hemos de ser los guardianes de una idea primordial que hay que defender y gritar a los cuatro vientos, sin la que es imposible convivir en sociedad: la de que sin Justicia el mundo retrocede a la barbarie. Lo que debemos hacer con autoridad moral y entereza porque somos los únicos que ejercemos una profesión con tal compromiso.
Sígueme en Twitter:@RaulCarranca

Y Facebook: www.facebook.com/despacho.raulcarranca