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El Agua del Molino

  • Raúl Carrancá y Rivas

  • Raúl Carrancá y Rivas
  • El águila y la serpiente

Martín Luis Guzmán escribió una novela sobre la Revolución Mexicana, “El águila y la serpiente”, cuya primera parte se intitula Esperanzas Revolucionarias y cuya segunda, “En la hora del triunfo”. La verdad es que en esa magnífica novela se pueden leer entre líneas, percibiéndolos, los diálogos de enfrentamiento entre el águila y la serpiente alternados con las descripciones de grandes líderes revolucionarios, sobre todo Pancho Villa, resaltando el torbellino de pasiones que acompañó a los villistas y a los llamados caudillos. El águila representa, me parece, las esperanzas revolucionarias y la serpiente los aviesos intereses, de toda clase, para apoderarse de un país desgarrado por la lucha interna. Hoy han cambiado los tiempos -la novela es de 1928- pero la trama de los acontecimientos, toda proporción guardada, es la misma. Lo que me hace pensar en la reciente entrevista entre el presidente Peña Nieto y el aspirante presidencial estadunidense Donald Trump.

Ahora bien, ¿quién lo trajo, quién lo invitó y por qué horas antes del informe presidencial?, Al respecto, ello se ha comentado mucho, por todas partes, aunque un velo oficial de misterio -“¿discreción política?”- ha cubierto todo lo relativo al suceso. De alguna manera, pienso, se enfrentaron allí el águila o su representante oficial y la serpiente que encarna Trump. Sí, porque las esperanzas revolucionarias, renovadas, actualizadas, siguen de pie. El hecho es que la entrevista fue un fracaso, un desatino político. Sin embargo, el “ganón” (ganar a la mala), como se dice coloquialmente, fue Trump. ¿La pregunta es para quiénes ganó? ¿Quiénes lo apoyan? Un rápido vistazo a la opinión pública estadunidense nos indica que sus simpatizantes o futuros votantes son lo más obscuro del país del norte. Carecen de visión y de conciencia histórica. Su endeble memoria, que va contra la tradición fundacional de nuestro vecino del norte, ni siquiera recuerda sus orígenes y menos, dramáticamente menos, la notable Declaración de Independencia de Estados Unidos, joya constitucional que ha inspirado a varias naciones. La ignorancia de Trump es supina. Pretende ser presidente de un país cuya historia desconoce. ¿A quién se le ocurrió invitarlo a México? Nos ha ofendido con vulgaridad alharaquienta, pregonando sus rencores ocultos que ni siquiera pueden tapar sus millones. Lo cierto es que es un asunto, exclusivo, de los norteamericanos en estos momentos de su campaña electoral. Que lo encaren y lo resuelvan ellos. ¿Para qué traerlo a México con su espinosa y conflictiva personalidad? Su extraña visita nos hizo entrar, quiérase que no, en una campaña política que no es la nuestra, aunque contaminó nuestra precampaña -en la que ya estamos-, si se la puede llamar así. ¿Qué necesidad hubo de ello? Su visita a México nos ha hecho “votar internacionalmente” a su favor, muy al margen de los velos oficiales de misterio y confusión que han cubierto su presencia. ¿Qué se dijeron exactamente el uno al otro? ¡No lo sabemos! ¿Tendrá Trump una vaga idea de las esperanzas revolucionarias con que todavía vivimos, es decir, de los propósitos de culminar, consolidar, el gran proyecto de 1910? ¡A él que le importa! Lo ha dado a entender muy claro en medio del galimatías de sus retóricas contracciones. Lo evidente es que hemos irrumpido en una campaña política ajena. Él nada más trajo en su agenda proyectos, propósitos, planes descabellados. ¿Cómo corregir, alertar, contradecir a un hombre que no representa oficialmente nada, absolutamente nada? Es un simple aspirante, un pretendiente a ostentar un título. ¡Nada más! ¿Quién lo invitó? Al respecto nuestros representantes legislativos deben reclamar una amplia explicación. Desconcierta saber que la política internacional de México, nada menos que con nuestro vecino del norte, se hace con fantasmas sobre una plataforma de humo. Eso sí, cargados sus bolsillos de millones y millones de dólares ocultando más millones. Ojalá llegue pronto, realizada, la hora del triunfo de que habla la novela de Martín Luis Guzmán, aunque triunfo para quién… Porque hoy la víbora ha amenazado con matar al águila.
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