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El Agua del Molino

  • Raúl Carrancá y Rivas

  • Raúl Carrancá y Rivas
  • Rock Político

 

Roger Waters y su famoso Pink Floyd, popular gracias a su música psicodélica y a sus canciones de alto contenido filosófico, llenó hasta el tope el Zócalo de la Ciudad de México el pasado 1 de octubre. El cantante británico apoyó a las familias de los 43 normalistas de Ayotzinapa e hizo la petición de esclarecer la desaparición de 28 mil personas junto con el señalamiento de que las políticas del actual Gobierno han fracasado, repitiendo además el “renuncia ya” dirigido al presidente, Peña Nieto. Al respecto las noticias informan que se filtraron muchas personas con alcohol y marihuana, aplaudiendo y no su “mensaje filosófico político” en medio de un orden mal simulado. ¿Libertad de expresión? ¿Y qué pasa en el caso con el Artículo 33 Constitucional que en su último párrafo determina que “Los extranjeros no podrán de ninguna manera inmiscuirse en los asuntos políticos del país”? Waters clamó textualmente las siguientes palabras en el Zócalo capitalino: “La última vez que toqué en el Foro Sol, conocí a algunas familias de los jóvenes desaparecidos en México. Sus lágrimas se hicieron mías, pero las lágrimas no traerán de vuelta a sus hijos. Señor presidente, más de 28 mil hombres, madres, niñas y niños han desaparecido. Muchos de ellos durante su mandato, desde el 2012. ¿Dónde están? ¿Qué les pasó? Recuerden que toda vida humana es sagrada, no solo la de sus amigos. Señor presidente, la gente está lista para un nuevo comienzo. Es hora de derribar el muro de privilegios que dividen a los ricos de los pobres. Sus políticas han fallado. La guerra no es la solución. Escuche a su gente, señor presidente. Los ojos del mundo lo están observando”.

Ahora bien, en el mundo agitado en que vivimos donde el internet ha rebasado sus propias fronteras permitiendo la opinión de todos sobre todo, la libertad de expresión cobra nuevos matices, aunque no se debe alterar la substancia o esencia de dicha libertad. Lo contrario, y no hay que pensarlo mucho, favorece el caos y el desorden afectando la propia libertad. Claro que todo depende, en última instancia, del estilo de cada quien. Podemos criticar de manera directa, de golpe, sin miramiento de ninguna clase, o bien hacerlo dirigiéndose a las ideas, a los conceptos, y en el caso a las políticas; lo que en rigor ha manejado el contenido filosófico del Pink Floyd. Sin embargo, qué pasa o pasaría si todo el mundo, nacionales y extranjeros, se inmiscuyen directamente en nuestros asuntos. Una de dos, o que el mandato constitucional es letra muerta, debiéndose cambiar a la mayor brevedad posible, o aplicar con rigor la ley. Aquí surgen varias preguntas. Habida cuenta de lo que prescribe el Artículo 33 de la Constitución, ¿fue advertido o no el señor Roger Waters de los límites constitucionales de su libertad de expresión? ¿Si lo fue, qué procede hacer con su desacato? ¿Y si no lo fue, quién, entonces, resultaría responsable? O queda una solución, supongamos que intermedia, consistente en hacerse de la vista gorda bajo el amparo de una consideración dizque “política”. Lo que sorprende, por lo menos, es que hay ocasiones en que se reclama enérgicamente el cumplimiento de la Constitución, y otras en que se soslayan sus preceptos. Objetivamente hablando esto es pésimo y lamentable, pues va en demérito de la ley, de la Carta Magna, propiciándose así la impunidad. Y subjetivamente es tal vez peor porque equivale a una burla del Derecho en su esencia más profunda, dejándolo en el papel de una especie de subterfugio que se invoca y aplica a conveniencia, según y conforme, con manifiesto desprecio a la justicia y al orden social. Repito, si todo el mundo, nacionales y extranjeros, se inmiscuyen o entremeten en nuestros asuntos, especialmente cuando no hay autoridad para ello, somos o seríamos, aparte de la problemática en juego, títeres de cualquier opinión. Yo pienso sobre el particular que el mandato constitucional del Artículo 33 se basa y fundamenta en un principio democrático. Hay fronteras y límites físicos, espirituales, morales, políticos, jurídicos, cuyo posible traspaso puede significar la alteración, el sacrificio mismo de la libertad. Tema profundo a pensar y meditar en el mundo multifacético y complejo en que vivimos.

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