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El Agua del Molino

  • Raúl Carrancá y Rivas

  • Raúl Carranca y Rivas
  • Monopolio nuclear y México

El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado en su cuenta de twitter que el sistema de defensa nuclear de su país “se debe modernizar y aumentar, para que siga teniendo su efecto persuasivo”. Trump sostiene además, que esa es una obligación de Estados Unidos “hasta que el mundo entre en razones con respecto a las armas nucleares”. A su vez el presidente Putin, de Rusia, felicitó a Trump, “por percibir intensamente el sentir popular y ganar las elecciones”, añadiendo que no ve “nada inusual en la promesa de Trump de fortalecer el poderío nuclear estadunidense, pues su propuesta se ajusta a lo que decía cuando era candidato”. Y luego precisó que “las fuerzas militares rusas pueden vencer a cualquier agresor, aunque reconociendo que las Fuerzas Armadas estadunidenses son mayores en tamaño”. Además calificó la modernización del arsenal nuclear ruso como un objetivo obligatorio ante el sistema de defensas antimisiles de Estados Unidos”. “No somos nosotros -dijo-, los que estamos acelerando la carrera armamentista”.

Ahora bien, lo que he transcrito implica ni más ni menos que la pretensión de un monopolio nuclear dividido entre Estados Unidos y Rusia. De hecho, ambos tienen el dedo sobre el gatillo para desatar una catástrofe nuclear mundial. ¿Y el resto del mundo? A la expectativa en medio de una angustia constante, hundido en una crisis sin precedente dominada por la devaluación de la moral, la violencia, el terrorismo, la corrupción y cambios inéditos en el proceso democrático de los Gobiernos. ¿Hacia dónde vamos en el 2017? ¿Y México? No somos una isla aparte y compartimos el destino universal.

El presidente Enrique Peña Nieto, en ocasión de la pasada Nochebuena y Navidad, invitó a la población a “creer en el país y hablar bien del mismo, a sentirse orgullosos de nosotros, de contribuir, todos los días, a ser una mejor nación”. Y luego añadió: “hoy México está fuerte y unido. Mantengamos el compromiso con las futuras generaciones y con los que hoy ya no están con nosotros. Creamos en nuestro país, hablemos bien de él”. Palabras sin duda nobles y optimistas. ¿Pero de qué sirven frente al poderío nuclear? ¿Cómo podemos “mantener el compromiso con las futuras generaciones, si su destino no depende directamente de nosotros, ni tal vez tampoco de ellas? Estamos en las manos de un capricho, de un azar, de una imprevisión. Estamos en manos y me refiero concretamente a lo que hasta hoy ha demostrado Trump, de una irritación grande del carácter, de una soberbia sin freno ni control. Necesitaríamos líderes, en especial en los mandos mundiales del control nuclear, maduros, inteligentes, con absoluto dominio de su temperamento y con una enorme conciencia histórica. Hasta, para decirlo de plano, con un profundo sentido espiritual del destino humano, el que dígase lo que se diga, va de la mano de una sólida cultura y no solo de una ideología monetaria, de dinero, de abastecimiento del hombre. Sin esta conciencia valorativa del hombre, de lo humano, de lo circunstancial histórico, es muy difícil, prácticamente imposible, no naufragar en el caos de los sentimientos y pensamientos. Me refiero a una convicción propia de lo intangible, que salvo excepciones, nada tiene que ver con las religiones y que orienta el alma y la razón de ser. Pero las riendas de la historia parecen estar en estos momentos en las manos del pragmatismo más acelerado o de la ignorancia pregonada con billetes que pretenden tapar los grandes abismos en que se va hundiendo la humanidad. ¿Navidad? ¿Año Nuevo? Recuerdan el nacimiento de la esperanza y la renovación de la vida. Hagamos votos porque el fantasma atómico se diluya en un Apocalipsis que se destruye a sí mismo, que se disuelve en una revelación dantesca, triste, ominosa, que quedará en los archivos de una pesadilla universal.
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