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El Agua del Molino

  • Raúl Carrancá y Rivas

  • Raúl Carrancá y Rivas
  • El gasolinazo

Aparte de cualquier consideración económica, no me queda la menor duda de que el llamado gasolinazo ha sido un grave error político que acarreará consecuencias también graves; y no solo al partido gobernante sino, incluido el proceso electoral de 2018, a todos los partidos. Se ha creído en los altos círculos del Gobierno, supongo, que una defensa en contra del nuevo Gobierno estadunidense es esa medida que ha causado asombro e irá en la población. Pero el contexto nacional y global es otro, a mi juicio. En efecto, la mayoría del mundo, para hablar en términos generales, se apresta a enfrentar a Trump con claras prevenciones y enorme cautela. Vecinos geográficos o no de Estados Unidos, son sin duda vecinos económicos y políticos. Sin embargo, la cautela es el mejor instrumento que le permitirá al virtual “enemigo” dar sus primeros pasos en una política internacional contaminada y complicada; y según ellos habrá que actuar. La crisis económica que de una forma u otra sacude a todos los países de occidente, la violencia, el terrorismo, la crisis moral y la evidente transformación de las distintas fuerzas políticas, obliga necesariamente a una prudencia mayor y en ocasiones fríamente calculada.

Ahora bien y en cuanto a México, ¿se quiere aún más de lo que se halla a la vista? Un descontento social que va en aumento, una violencia todavía muy lejos de ser controlada y, por si fuera poco, un Presidente electo estadunidense -a pocas semanas de tomar entre sus manos las riendas de su país- que determina medidas sorpresivas, agresivas, y que lo pintan como a un golpeador internacional innato. Lo que acaba de hacer con las empresas automovilísticas Ford y General Motors, amenazándolas con impuestos “arrogantes” (35 por ciento a las importaciones mexicanas de automóviles) para que inviertan en su país en vez de en México, no tiene nombre en los anales del comercio internacional y constituye un aviso a otras empresas. Se trata de una turbulencia económica que ensombrece el panorama de las relaciones entre nuestros dos países. Pero volviendo a México, ¿qué nos espera? El año que se inicia es claramente político y la gran pregunta es cómo se van acomodando las fichas del ajedrez del 18. El presente será desde luego un año en que se acomodarán tales fichas. ¿Señales? A mi ver catastróficas. No es cosa, creo, de hacer cálculos que nos indiquen hacia qué grupo o partido va el proceso porque lo importante, lo relevante, es sin duda no soliviantar los ánimos sembrando incertidumbre y hasta violencia. Tal pareciera, por desgracia, que la consigna es alborotar el ambiente, caldearlo, agitarlo con peligro inminente de un estallido social. Esto último ya existe y muchos dicen que son pequeños fuegos. Tal vez, aunque de fuegos a fuegos se hacen fuegotes. Y es lo que hay que evitar a toda costa. ¿Pero cómo? El alza en el precio de la gasolina es sin duda un detonador. Sus promotores tuvieron en cuenta, exclusivamente, factores de tipo económico, olvidando que la economía es poca cosa si no está al servicio de causas y problemas sociales. Yo pienso al respecto en una reconsideración de la medida, en un ajuste. Hay determinaciones del Gobierno que tienen como termómetro la reacción popular, cuyo reconocimiento implicaría en el caso una alta sensibilidad política. El hecho es que todo esfuerzo nacional, toda medida, deben estar encaminados a crear y favorecer un panorama democrático que permita en el 2018 un clima de paz y serenidad. Lo asombroso es que estamos inaugurando el 2017, año previo a las elecciones presidenciales, sembrando agitación, disidencia y enorme inconformidad social. Y alarma, francamente alarma, la reacción de algunos miembros destacados del Gobierno que minimizan el descontento popular. No hay que agitar las aguas y en cambio calmarlas, en lo posible, eso sería gobernar con cálculos a tiempo. No hay que desconocer los barruntos de tormenta. Y que Trump y sus barbaridades se queden por el momento allá, en su país, pues no pueden ser, no deben ser, un factor que influya en la gran transformación nacional a que todos aspiramos en México.
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