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El agua del molino

  • Raúl Carrancá y Rivas

La UNAM y la defensa de la soberanía

La Universidad Nacional Autónoma de México es la sede del pensamiento y del espíritu de México, es la conciencia de la República. En este sentido son memorables las palabras del maestro Antonio Caso, que a continuación transcribo, y que fueron dichas en histórico encuentro ideológico con Vicente Lombardo Toledano: “la universidad procurará de preferencia discutir y analizar, por medio de sus profesores y alumnos, los problemas que ocupen la atención pública”. En tal virtud y habida cuenta de que Donald Trump asume desde mañana viernes la presidencia de Estados Unidos, y tomando en cuenta sus múltiples y agresivas declaraciones contra México, la fundación que lleva mi nombre va a organizar en febrero y en la Facultad de Derecho de la UNAM, y con el apoyo e impulso de su director, el doctor Raúl Contreras Bustamante, un congreso conmemorativo del centenario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917; evento en el que con argumentos constitucionales y jurídicos analizaremos las absurdas pretensiones de Trump, opuestas a la razón, arbitrarias y disparatadas, para refutarlas con base y fundamento en la soberanía nacional que consagra y tutela la Carta Magna. Es la forma jurídica de afrontar la nefasta y ominosa política exterior hacia México del nuevo habitante de la Casa Blanca.

Así, la Universidad Nacional Autónoma de México cumplirá con su papel fundamental, haciendo oír su voz. Somos por definición en la Máxima Casa de Estudios del país un grupo de estudiantes, profesores, investigadores y trabajadores dedicados al cultivo de la inteligencia y a la difusión de la cultura. Desde luego hay de todo porque no somos seres angélicos, pero nos distingue la honestidad como base y apoyo de nuestra tarea, o sea, el desinterés como punto de partida en el sentido de que no nos guía más que la verdad que buscamos. En tales condiciones, los juristas y abogados de la Universidad no abordaremos el tema de la soberanía sino desde la perspectiva de la más depurada defensa de ella. Frente a la manifiesta tosquedad de Trump, abrupta como pocas, no queda sino el recurso de la inteligencia honesta. Siempre ha participado la Universidad desde el podio de la meditación y del estudio en momentos difíciles para la integridad moral y política de la República. Nuestra preeminencia ha tenido por tradición el tono y lustre del desdén a la mezquindad, a la falta de generosidad y nobleza de espíritu. Hemos sido siempre testigos activos de los más complejos azares de la patria. La desgracia imprevista siempre nos ha tomado prevenidos, alertas en el servicio de la razón. Y no podemos, no debemos, permanecer inertes, pasivos, ante el uso desmedido de la sinrazón. A mayor abundamiento no hay mayor fuerza que la del derecho en el mundo agobiado de hoy. La sofocación y la angustia son el patrimonio de los desesperados, de los que buscan fortalecer una economía de guerra física o económica. Es el patrimonio de los que dan descaradamente la espalda a la historia. Al muro de la ignominia debemos oponer el de la inteligencia que nos haga impermeables al odio. La misión de la Universidad, la más alta como dijera Ortega y Gasset, es la de agitar las conciencias, responsabilizarlas, para que iluminen la acción renovadora y transformadora. Nuestra Constitución va a cumplir cien años de vida, pero hoy se levanta remozada, y en ello le va una altísima responsabilidad histórica, para oponerle al señor Trump la defensa jurídica y política de la soberanía de México. Por eso en la Facultad de Derecho haremos, en el congreso al que me he referido, oír la voz de la justicia que el mundo de hoy, nuestro mundo, reclama como bastión, como idea fundamental de la doctrina de la razón, del entendimiento con el que México está profundamente comprometido.

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Maestro Emérito de la Universidad