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El Agua del Molino

  • Raúl Carrancá y Rivas

  • Raúl Carranca y Rivas
  • Diálogo atorado

El diálogo entre la Secretaría de Gobernación y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) no se ha interrumpido sino atorado. De un lado está el Gobierno que por razones de gobernabilidad mantiene una política intermedia entre lo cauteloso y lo represivo (fuerza del Estado), y del otro se halla la Coordinadora que reta a esa política alegando sus razones de rechazo a la Reforma Educativa. El resultado ha sido y es hasta la fecha una muy grave afectación a la economía de Oaxaca, Michoacán y Guerrero, que tomo como ejemplos álgidos de la situación, donde se han declarado prácticamente en quiebra varios hostales y hoteles (Oaxaca), aparte del perjuicio general que asciende a dos mil millones de pesos. He aquí, pues, un primer daño de naturaleza económica. Un segundo daño, de fondo para el país, es el político que implica por la razón que se quiera un debilitamiento del Estado de Derecho, es decir, una mengua de autoridad que puede traer consecuencias muy severas conforme se va descorriendo el telón de las elecciones del 2018. Y un tercer daño, desde luego, es el educativo que atañe a un mandato constitucional irrenunciable e intransferible, el de la educación como deber y responsabilidad máxima del propio Estado. Al respecto, todos sabemos que el problema fundamental de México depende de la educación que imparte el Estado. Deficiencias, errores, desviaciones, han alterado la esencia de aquel mandato constitucional. No podemos negar, por lo tanto, una severa crisis educativa. En la universidad, por ejemplo, percibimos severas lagunas culturales en los educandos, en ocasiones atribuibles a fallas que vienen desde nuestras propias preparatorias y en otras, que son más, a las provenientes del incumplimiento substancial del Artículo tercero constitucional.

Ahora bien, reconocida la innegable crisis educativa que hay en el país, y como ya lo dije en artículo anterior, una iniciativa de ley debe ser ampliamente consensuada. Sin embargo y en materia tan delicada como la educativa, hay siempre intereses en juego, encontrados, que emanan desde la composición, o descomposición, de los sindicatos hasta los altos círculos del poder. En este orden de ideas yo pienso que la Reforma Educativa en juego fue planeada, planteada e incluso ejecutada, sin el tiempo necesario para discutirla, digerirla y en su caso, aprobarla. La verdad, en la especie, es que los llamados tiempos políticos no coincidieron con la idea que los maestros de la Coordinadora tienen de una reforma, y esto hubo que pulirlo hasta lograr un acuerdo. No se hizo así porque a mi juicio hubo también, si cabe el término, precipitación política en el sentido de necesidad política, de sacar adelante aquella reforma. En suma, chocaron los intereses en desacuerdo de las dos partes. El resultado de todo lo anterior es el enfrentamiento, con el riesgo colateral de que “a río revuelto ganancia de pescadores”. ¿Cómo salir de ello? El camino es el diálogo que reclama de ambas partes inteligencia, mesura, prudencia. Lo delicado, no obstante, aparte del empecinamiento, son los ánimos caldeados, la estrategia de la violencia y la agresión a terceros como sinónimos de razón. Se trata de momentos muy delicados para la República porque la finura en el manejo de la política no es el pan cotidiano. La frase de “tejer fino” es hoy más necesaria que nunca. ¿Pero se podrá? Cuando las pasiones se soliviantan la razón se ofusca. Hay que desatorar lo atorado. Tarea difícil aunque hay un posible camino que es el de los acuerdos basados en la razón y el Derecho, que no siempre se puede o debe identificar con la ley. La ley es rectificable; los principios vertebrales del Derecho, en cambio, no. Me refiero al camino de la justicia, tan evanescente, tan vaporizable. Pero es el único que ha demostrado en la historia que a veces los ideales de la justicia ponen los pies en la tierra, por más lacerante que ésta sea.
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