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El antídoto contra Trump

  • Salvador del Río

El retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París contra el cambio climático en el mundo, firmado en 1995, no es una novedad en la política internacional de la Unión Americana, que en más de una ocasión se ha negado a acatar medidas acordadas por organismos multilaterales, aduciendo que las medidas adoptadas en ese acuerdo son lesivas a la economía de su país.

El pacto de París, signado por 195 países, es continuación del llamado Protocolo de Kioto, nunca ratificado, cuyas cláusulas no aceptó el gobierno de Estados Unidos. La Unión Americana es el segundo emisor de contaminantes después de China. Por ello, su retiro oficial del acuerdo es un grave obstáculo para los esfuerzos que el mundo ha emprendido en busca de la protección de la atmósfera que afecta al género humano y a todas las especies del planeta.

Ejemplos de esa actitud prepotente frente a determinaciones de organismos internacionales hay muchos. Recuérdese la suspensión de pagos de su cuota a la Organización para la Educación, la Ciencia y la Cultura, la UNESCO con sede en París, establecida hace años por el gobierno de Washington. El argumento para esa suspensión, mantenida hasta ahora,  fue que el gobierno de Estados Unidos no estaba de acuerdo con las votaciones y resoluciones de la UNESCO tomadas por la mayoría de los países que la integran.

En 2003, el gobierno de George W. Bush ordenó la invasión de Irak para derrocar al presidente Sadam Husein sin que el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas lo aprobara. Estados Unidos nunca pudo demostrar, como justificación a su invasión, la existencia de armamentos letales en Irak. La postura de Donald Trump en el asunto del cambio climático tiene una motivación eminentemente política, de rechazo a las acciones que en diversos ámbitos llevó a cabo su antecesor, Barack Obama.

México, como todos los demás países firmantes del Acuerdo de París, manifestó su determinación de llevar adelante las resoluciones de ese instrumento internacional, convencido de la necesidad de aplicación de las medidas para reducir los efectos del cambio climático. La contaminación, se ha dicho, la somos todos; pero hay grados de aportación a la atmósfera mundial de elementos que deterioran el ambiente y constituyen una amenaza para la humanidad entera.

La política aislacionista de Trump y su postura en contra de la comunidad internacional quedan demostradas con el retiro del Acuerdo de París. Difícilmente podría pensarse que con simples recomendaciones o instancias de organismos internacionales se podría convencer al Gobierno de Donald Trump de reconsiderar su determinación de abandono de ese acuerdo en defensa del medio ambiente. Estados Unidos sólo acepta acuerdos que le son favorables y si considera que no lo son, los desobedece o los ignora.

La negativa del presidente Trump es otra muestra de su política aislacionista que va en contra de los intereses del resto del mundo. Habría, tal vez, una posibilidad de responder a la negativa de Donald Trump: establecer una especie de bloqueo, similar al que Estados Unidos impone a otros países por diversos motivos, dejando de adquirir productos de fabricación norteamericana cuando se compruebe que dichos productos son elaborados contraviniendo las disposiciones internacionales de defensa del ambiente. Que no se adquieran en el resto del mundo mercancías fabricadas por empresas visiblemente contaminantes producidas en ese país.

Algunos estados de la Unión Americana han determinado no acatar la decisión del retiro del Acuerdo de París y seguir adelante con los programas de protección al ambiente que ese pacto internacional establece.

Podría ser el antídoto contra la arrogancia de Donald Trump.