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El cambio climático, una realidad tangible e inevitable

  • Mireille Roccatti

  • Mireille Roccatti

«Quam bene vivas refert, non quamdiu»**
En algunos círculos se expresa que muchos de los fenómenos naturales que cíclicamente afectan al planeta obedecen a los tiempos de la naturaleza y que es un exceso culpar a la acción del “hombre” todos los fenómenos naturales perturbadores del Medio Ambiente. Lo que sí podemos afirmar es que para infortunio de nuestro México, una vez más la presencia de fenómenos climáticos que recuerda al hombre su pequeñez ante las fuerzas de la naturaleza y del universo, recién acaban de golpearnos y nos han vuelto a enfrentar nuestra lacerante realidad.

En invierno sufrimos de heladas, luego sequía terrible y recientemente los huracanes con sus lluvias torrenciales, todas estas contingencias desnudan las condiciones de pobreza en que sobreviven cerca de la mitad de nuestra población, la corrupción en la obra pública y el trafique en el uso del suelo. La tragedia evidencia la acelerada pérdida de ecosistemas, selvas y bosques, aunado a la falta de cultura y preparación de gran parte de la población, para que unidos sociedad y Gobierno enfrentemos estos desastres naturales.

Es urgente poner en práctica medidas para adaptarnos a un clima cambiante y reducir nuestra vulnerabilidad a las variaciones negativas del clima. La adaptación requiere que tomemos conciencia de que enfrentamos un cambio drástico de los patrones de comportamiento climático y de tener una idea clara de hacia dónde irá el clima en nuestros países.

En el caso de nuestro país se han desarrollado acciones específicas desde 1992, año en que se adoptó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

Nuestro país, también en 2007 publicó la Estrategia Nacional de Cambio Climático y en 2009 presentó un Programa Especial de Cambio Climático 2009-2012. Posteriormente, en el 2012, emitió la Ley General de Cambio Climático.

Resulta conveniente resaltar que también contamos como país con una estrategia contenida en el Plan Nacional de Desarrollo y con líneas específicas de Política Pública que considera que se requiere impulsar y orientar un crecimiento verde incluyente y facilitador que preserve nuestro patrimonio natural, al mismo tiempo que genere riqueza, competitividad y empleo de manera eficaz, para ello se necesita hacer del cuidado de medio ambiente una fuente de beneficios palpables, logrando un equilibrio entre la conservación de la biodiversidad, el aprovechamiento sustentable de los recursos naturales y el desarrollo de las actividades productivas.

Asimismo, hemos integrado una serie de gravámenes fiscales o “impuestos verdes” a diversos hidrocarburos en clara congruencia a la política de desincentivar su utilización.

Ha llegado la hora impostergable de atender las recomendaciones de los expertos de reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero, detener y revertir la pérdida de la cubierta forestal. En México, hay que decirlo, es una tragedia nacional la pérdida de bosques y selvas. El Estado debe buscar hacer efectivo el derecho al Medio Ambiente adecuado para asegurar que las generaciones presentes y futuras puedan vivir en un ambiente sano y seguro.
**«Lo importante no es vivir mucho sino vivir bien», Séneca