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El cáncer y la esperanza / Blanca Alcalá

  • Blanca Alcalá

A la memoria de Rosa

El número de casos de cáncer de mama se ha duplicado en México entre 2006 y 2014, a pesar de que hoy día un número creciente de mujeres e, incluso, de hombres, se realizan el estudio mastográfico que permite identificar algún tipo de lesión a tiempo. Por los datos, pareciera que estamos ante el fracaso de una política pública o, por el contrario, ante el hallazgo de un problema de salud pública cuya proporción desconocemos todavía.

El cáncer de mama es la tercera causa de muerte de las mexicanas, después de las enfermedades del corazón y de la diabetes mellitus. Investigaciones señalan que, en el mundo, una de cada ocho mujeres será diagnósticada con este padecimiento en algún momento de su vida. Tan solo en el año de 2013, cinco mil 548 mujeres fallecieron en nuestro país a causa de tumores malignos en la mama, a diferencia de las tres mil 880 que fallecieron en ese periodo por cáncer del cuello del útero.

En 2014 se detectaron en el territorio nacional once mil 372 nuevos casos de cáncer de mama, en cambio, en España, por ejemplo, en el año de 2012 se detectaron 25 mil nuevos casos. La diferencia puede obedecer a una mayor incidencia en aquel país, con la mitad de población de México, o al hecho de que nosotros aún no contamos con los equipos suficientes para llevar a cabo una detección oportuna; en 2013 solo se disponían de 754 mastógrafos, cifra que representa 6.3 aparatos por millón de habitantes, de los cuales, casi la mitad estaban en el Valle de México y Guadalajara.

El hecho relevante es que, aún sin saber la causa específica, la incidencia de este padecimiento está creciendo. Tan solo desde la perspectiva presupuestal, en el año 2007 el tratamiento costó a las instituciones públicas mil 225 millones; en 2014 costó alrededor de mil 800 millones y se estima que en el año de 2020 alcance una cifra de 2 mil 520 millones de pesos.

Si es detectado a tiempo, un tratamiento promedio de este padecimiento, en etapa temprana, cuesta a las instituciones públicas menos de cien mil pesos. Sin embargo, en instituciones privadas puede costarle a la paciente hasta dos millones de pesos, dependiendo la institución médica y el oncólogo que la trate. Cabe destacar que el número de especialistas en cáncer de mama en México es muy reducido, son solo alrededor de 120 oncólogos mastólogos en el país, de acuerdo con datos de la Fundación en Contra del Cáncer de Mama, Fucam, A.C.

Es de señalarse que contamos con una Norma Oficial Mexicana, NOM-041-SSA2-2011, para la prevención, diagnóstico, tratamiento, control y vigilancia epidemiológica del cáncer de mama. En ella se establecen tres herramientas básicas para la oportuna detección del padecimiento: la autoexploración, que debe iniciarse a partir de los 20 años de forma mensual; el examen clínico, a partir de los 25 años de forma anual; y la mastografía en mujeres de 40 a 69 años, según la norma, cada dos años.

A pesar de ello, en muchos lugares, por falta de información de los pacientes, la ambición de los médicos tratantes o el temor a la propia enfermedad, propicia que cualquier indicio de tumoración, benigna o cancerosa, sea tratado clínicamente con la extirpación del seno, sin mediar estudios suficientes para determinar si ese era el tratamiento adecuado y, lo que resulta peor, la posibilidad de una recaída en el padecimiento, cuya agresividad puede resultar irreversible.

Ni la Norma Oficial Mexicana, ni los tratamientos normales en instituciones públicas o en las privadas, incluyen aspectos sobre la salud emocional de las pacientes, ni respecto de su recuperación estética, como ocurre en países de la Unión Europea, donde los seguros médicos, incluyen estos elementos en la póliza de su asegurada.

Una política pública moderna y progresiva, como los Derechos Humanos, para la detección y tratamiento del cáncer de mama, tendría que considerar un protocolo obligatorio, para el sector público y privado, de análisis consecutivos para la detección e identificación del tratamiento adecuado en cada caso, así como en relación con la salud emocional de las pacientes y su recuperación estética. Solo así la esperanza de vida será mucho mayor y de mayor calidad respecto del cáncer de mama.

Esta visión moderna nos permitiría enfrentar con eficacia lo que hoy, con tristeza, significa conocer algún familiar o amiga cercana que ha sido tocada por este mal. Es tiempo de sumar esfuerzos y redoblar el paso.
* Senadora de la República por el Estado de Puebla