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El castillo de la [im]pureza

  • Pedro Peñaloza

“La gran diferencia entre un gato y un mentiroso es que el gato tiene apenas siete vidas”

Mark Twain

1. Nivel y desnivel. Que nadie se sorprenda, el nivel del debate de los candidatos al Gobierno del Estado de México exhibe con meridiana claridad el tipo de partidos que están contendiendo. Sí, quienes propusieron a semejantes candidatos fueron los institutos políticos, así que de nada sirve arquear las cejas ante el espectáculo televisivo reciente. Aclaremos, la disputa no está en las ideas, ni mucho menos en las propuestas, estamos en presencia de un torneo de denuestos, clientelismo y corporativismo ¿Molesta? Ni modo, así estamos ahora. De poco vale la potencialidad y desarrollo económico que representa el Edomex. Tenemos una oferta de candidaturas que dibujan de cuerpo entero el desnivel intelectual que apena.

Dejemos el penoso debate, de formato acartonado y de exposición de personajes sin presencia ni frescura, y enfoquémonos a los múltiples elementos que rodean la elección del Estado más importante del país. Es imposible para la casa presidencial, y para el grupo que representa su inquilino, que el PRI deje de gobernar dicha plaza tan importante. Sin embargo, el ciudadano Peña y sus cercanos tienen que hacerse cargo de dos hechos incontestables: el Estado de México se ha convertido en un laboratorio de las peores prácticas y afrentas para la democracia mexicana, asimismo, su nivel de inseguridad y violencia no tiene comparación, y todo ello se ha presentado bajo el mandato de gobiernos tricolores, por otro lado, decidieron lanzar un candidato cuya imagen y personalidad reimprime la fotografía del Presidente de la República, pero, además, es un personajes endeble políticamente y en consecuencia inseguro y trastabillante para plantear algunas ideas.

2. El 18 está más cerca. El reciente escándalo protagonizado por una militante y candidata de Morena, que se ha repetido en la mayoría de los medios de comunicación, es solamente la punta del iceberg de lo que se avecina y AMLO lo sabe, y por ello se pontifica y autoexcluye de cualquier acto “inmoral” o corrupto. El discurso del tabasqueño para autoexonerarse es repetitivo y cíclico. Hasta usa a Díaz Mirón para hablar de “plumajes que no se manchan”, lo que realmente le interesa al líder de Morena es mantener su prístina y pulcra imagen ante la feligresía que lo apoya. Pronto vendrán más espectáculos que disputen honorabilidades. Veremos cuáles son las fronteras entre el fanatismo y la coherencia política.

3. Los priístas y su desfachatez. Es patética la postura que ha adoptado la dirigencia formal del PRI de presentarse como los adalides de la honestidad, y emplazar a AMLO a que renuncie a sus aspiraciones por el caso de la inexperta diputada veracruzana es insostenible, no hay ninguna correlación en estos eventos, ha quedado claro que no fue a iniciativa de López Obrador la recolección de recursos monetarios, al menos en el multicitado caso. Los priístas no tienen cara para cuestionar a su excorreligionario cuando estamos ante la exhibición de un pelotón de gobernadores corruptos integrantes del partido del Gobierno y cuyos expedientes son vergonzosos e impresentables. Así, que, las disputas verbales entre ambos partidos resultan simples disparos que buscan menguar y desprestigiarse recíprocamente. No más.

Epílogo. Está más que claro que vivimos otra temporada política imaginable pero no predecible, el presente anuncia un futuro con una guerra de lodo como única plataforma programática electoral. La disputa por la presidencia bien lo vale. La clase política dominante no tiene límites, ¿por qué debería tenerlos?, si el poder en México se ha obtenido a cualquier costo.

pedropenaloza@yahoo.com/

@pedro_penaloz