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El Chayo de Chayo

  • Ramón Ojeda Mestre

  • Ramón Ojeda Mestre

“Los periódicos sirven para matar moscas y limpiar vidrios”, dijo hace cinco días en Ciudad Juárez, la Secretaria de Sedatu, Rosario Robles Berlanga, al salir en defensa del gobernador de Chihuahua, César Duarte Jáquez, quien es acusado de enriquecimiento ilícito y que dejará la entidad con una deuda de 50 mil millones. Luego de encabezar un numerito con personas de escasos recursos en Parral, la tarde del martes, Rosario felicitó al mandatario estatal priísta por las obras realizadas no solo en esta zona, sino “en los 67 municipios de la entidad”.

“Los periódicos sirven para mata moscas y limpiar vidrios”, dijo Chayo y recordó tal vez que se le llama Chayo a la gratificación, obsequio, sine cura, presente o ayuda económica que se otorga discrecionalmente a reporteros, editorialistas, jefes, locutores, comunicadores en general o directivos de radio, televisión, revistas y periódicos para granjearle simpatías al otorgante, quien generalmente concede estas prebendas con recursos irregulares del erario, lo que ella conoce muy bien, pues ha sido titular de tres dependencias del ejecutivo federal.

La choya de Chayo falló por razones de iracundia, de acrimonia o de inestabilidad emocional, por stress, edad, o metabolismo, vaya usted a saber, pero fue un insulto grave para los medios de comunicación y una pifia verbal que refleja mucho de la acritud que guardan el Gobierno federal o ella en lo personal hacia los medios que no se pliegan a sus intenciones o direccionamientos. Esto es muy delicado, independientemente de que haya salido con el clásico “se me chispoteó” y “ujté disculpe” después de haber dicho que “los periódicos se hicieron para matar moscas y limpiar vidrios” y regurgitar a través del clásico tweetercito silabeando: “Ayer dije una desafortunada frase sobre los periódicos. Se de su importancia y honestamente me disculpo con ellos.”

El problema no es que la frase haya sido “desafortunada”, fue una verdadera tontería, una evidencia de estulticia rampante y agresiva, que se agrega a su historial tormentoso y a su adaptación a las pegagosas páginas de la insoportable levedad oficial de “los tiempos modernos”, diría Charles Spencer Chaplin en la famosa película de 1936. Lástima, teníamos en mejor concepto a Rosario, pero tal vez la carga de trabajo o el exceso de camaleonismo no le permiten la estabilidad que sus sesenta años de edad deberían pertrecharla en el servicio público.

Insultar a los medios, cuando vemos la corrupción escandalosa, la ineficiencia, la impunidad, la desfachatez y la frivolidad con que se afrontan los asuntos públicos, donde la pobreza se ha incrementado más que nunca, significa o destaca una intención doblemente aviesa. Es verdad que la frase no es original de Chayo, sino plagiada, puesto que no citó la fuente, pero qué podemos esperar de caballo corriente. Ilpensiero lineare frente al pensamiento circular de la Chayo sin Choya hace que nos debamos preocupar ahora no solo por las desviaciones presupuestales del erario, sino por el estado de salud mental real de quienes ejercen los sueldos gubernamentales. Las cosas se toman como de quien vienen y no piense que solo insultó a los periódicos, no. Pronto ella estará fuera del gobierno y la mancha quedará, el golpe no fue casual ni un desliz como los muchos que ha tenido. Es parte de la grave patología del autoritarismo totalitario. Rosario, con su rosario de errores, dañó a los medios, agravió al pueblo, mancilló al Gobierno y se exhibió a sí misma. Tristisest anima mea. Como en Getsemaní.
rojedamestre@yahoo.com