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El cínico Trump y la democracia estadunidense

  • Mireille Roccatti

sublata causa, tolliturefectus*

  • Mireille Roccatti

El tercer y último debate entre los candidatos a la Presidencia de Estados Unidos, exhibió de cuerpo entero el cinismo, desesperación y pérdida del sentido de la realidad del republicano Trump, quien con total cachaza mintió ante millones de televidentes, al afirmar que “trata muy bien a las mujeres” lo que esa puritana sociedad no le perdonara y lo castigará duramente en las urnas el próximo 8 de noviembre en que culminará el proceso electoral.

Una vez más, Donald Trump, se mostró ignorante y desconocedor de los temas vitales de la geopolítica mundial, insistió en su racismo antinmigrante, reiteró sus primitivas propuestas en materia de política económica y tozudamente persistió en opciones inviables contrarias al libre comercio internacional. Lo hizo seguramente, porque defender estas posturas lo ha llevado hasta donde llegó: pelear la Presidencia de la nación más poderosa del mundo.

A pesar de que en un principio buscó mostrarse sereno, rápidamente le ganaron sus emociones y su falta de control, interrumpiendo, realizando comentarios y vomitando exabruptos contra la candidata demócrata. Igualmente, tuvo que recurrir a evadir las preguntas y volver a los “ritornellos” contra la política exterior y atacar una y otra vez a Obama y a Clinton por acciones y decisiones tomadas alrededor de los conflictos militares en Medio Oriente. Lo que permitió, que nuevamente, Hillary, lo exhibiera como nada confiable para controlar los botones de una probable conflagración nuclear.

En esta ocasión, Hillary, sin abandonar su posición de gente informada y conocedora de los temas, contraatacó a su rival y cuando le tocaron temas delicados sobre el manejo de fondos de su fundación y actividades de su esposo el expresidente Biil Clinton, los supo sortear sin perder la compostura y manteniendo la sonrisa. Aunque para algunos observadores se percibió tomada fuera de base o sorprendida.

En conclusión a tres semanas de los comicios, podríamos decir que “este arroz, ya coció” y solo una revelación o un error gravísimo haría que los demócratas no retuvieran la Presidencia.

Otras conclusiones de la comentocracia estadunidense es que cada vez más, Donald, encarna la figura del “Lame Duck” o pato cojo acuñada por ellos para describir a alguien seriamente lastimado y con pocas probabilidades de recuperarse en una contienda o controversia. La necedad de pelearse con los medios es verdaderamente ininteligible.

Todo lo anterior, si bien grave de suyo, palidece por la postura asumida de Donald “Lame Duck” desde días previos al debate de señalar que existe un complot en su contra, que está en marcha un fraude para que pierda y frente a los millones de espectadores del debate, negarse a reconocer los resultados de la votación, excepto si él es el ganador. Esta posición rompe una tradición que ha “mitificado” a la democracia estadunidense. A pesar de conocerse detalles de injerencias indebidas en los procesos electorales en ese país, que sería material para un ensayo completo.

Por lo pronto, los estadunidenses se distraerán las próximas semanas con el béisbol y la inminente Serie Mundial y hasta los primeros días de noviembre se volverá a ocupar del “Lame Duck” y Hillary.

*Al cesar la causa, cesa el efecto.