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El comandante

  • Jorge Schiaffino

  • Jorge Schiaffino Isunza

Fidel Castro, personaje controvertido, tiene varias aristas interesantes que abordar como un fenómeno de política, la revolución, el poder y otras perspectivas.

Hombre de ideales, convicciones y posicionamientos políticos muy claros. Con definición sobre los temas de educación, salud, ciencia, tecnología, cultura y un líder que se perpetuo en el poder como la muestra más irreconciliable y la contradicción que convivió entre el revolucionario y el dictador.

Un líder social nato, que ganó voluntades con base en su carisma personal, en su valor y en la visión de una República de Cuba, donde los cubanos vivirían sin depender de nadie y donde su gobierno sería el aliado de sus intereses y demandas más sentidas.

Sin duda una mente disciplinada, ordenada y estudiosa, que a cada momento vivió en el sobresalto de la invasión por parte de los americanos, o bien, una posible contrarrevolución y la tentativa de una traición de alguien de su primer círculo. En la observancia de esa disciplina, cayó en la tentación del control estatal, de la persecución a los críticos y la Guerra Fría, le dio el marco más propicio para que todas sus medidas de control político, policiaco y partidista tuvieran éxito como medio de evitar amenazas del exterior.

No se le puede criticar de forma injustificada, conociendo que muchas generaciones de cubanos le reconocen un papel trascendente en la historia y como el arquitecto y salvador de un proyecto de vida en esa isla del Caribe: los métodos de organización para el trabajo, de orientación de las comunidades, su lucha contra el analfabetismo y su persistencia en la salud y formación de médicos, que han hecho de Cuba uno de los países que más aportan al mundo en ciencia médica.

Gran orador y conversador, amante de las letras, la poesía y el deporte, polifacético y único; al mismo tiempo, calculador cerrado en su idea sobre la democracia y gran estratega militar que supo mantener al margen a la primera potencia del mundo.

Amigos y críticos de todas las latitudes y culturas, un soñador al que su sueño se le fue haciendo imposible tras las malas condiciones en que fue decayendo el nivel de vida de los cubanos. Un militar preparado para el combate, pero que fue perdiendo la oportunidad de transformación bajo su mismo liderazgo, dejando que ahora sea su ausencia la que inicie una nueva etapa y no su ánimo renovado para una Cuba más justa, libre y democrática. Decía el Comandante Fidel a su llegada a La Habana, Ciudad Libertad, el 8 de enero de 1959:

“El pueblo escucha, escuchan los combatientes revolucionarios, y escuchan los soldados del Ejército, cuyo destino está en nuestras manos. Creo que es este un momento decisivo de nuestra historia: la tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil.

Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario. Engañar al pueblo, despertarle engañosas ilusiones, siempre traería las peores consecuencias, y estimo que al pueblo hay que alertarlo contra el exceso de optimismo.”

Palabras que hoy hacen retumbar la historia y conocer de sus autores y protagonistas, la forma en que se ven a sí mismos tras el triunfo y sin saber el fruto de sus acciones futuras, algunas olvidando las causas que los llevaron a hacer sus movimientos; una oportunidad revolucionaria para sus compatriotas y como ejemplo para otras naciones.

Para México ha muerto un amigo, un socio, un aliado. Ya están ahí las decisiones de todos los gobiernos, desde que triunfó la revolución en 1959 hasta hoy, siempre cercanos y compartiendo conceptos sobre la multilatelaridad de la diplomacia latinoamericana, la solución pacífica de las controversias y el respeto al derecho ajeno.

Fidel ya tiene su lugar en la historia, habrá que estudiarlo todavía más.
* Exlegislador

jorgeschiaffinoisunza@yahoo.com.mx