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El comprobado fracaso de la estrategia prohibicionista /Alejo Martínez Vendrell

  • Alejo Martínez

Si bien es cierto que la prohibición de la marihuana y de los otros narcóticos arranca desde la década de 1930, se fueron poniendo de moda e iniciaron su auge hasta mediados de 1960. Y la guerra en su contra con un carácter internacional por las presiones que decidió ejercer con mayor fuerza el principal país consumidor del mundo podemos ubicarla un tanto arbitrariamente hacia Jun.17/1971 cuando el presidente Richard Nixon declaró oficialmente la guerra contra las drogas o hacia Jul.1°/1973, cuando creó la hoy omnipresente persecutora Drug Enforcement Administration (DEA).

Desde entonces, con todo el énfasis en combatir las drogas, y a pesar de los descomunales y crecientes montos de recursos que le han dedicado gran parte de los países del planeta en su estrategia prohibicionista, el consumo sigue tan campante. Existe un vasto mercado que demanda drogas. Un mercado vinculado a desajustes o desequilibrios de personalidad, al cual no solo no lo frena la condición de mercado prohibido y penalizado, sino que está dispuesto a pagar cantidades exorbitantes por su droga.

En esas condiciones en que existe un vasto mercado de demanda inelástica de droga, dispuesto a pagar gigantescos precios por los narcóticos, no puede resultar extraño que haya un mercado de oferta dispuesto también a desafiar la penalización. El reconocido periodista Sergio Sarmiento publicó el pasado 6 de noviembre unas muy interesantes e ilustrativas cuentas sobre las exóticas ganancias que puede dejar el tráfico de marihuana. Un kilogramo con un costo máximo de producción de 200 pesos puede venderse en algunas partes de EU a 13 mil 571 dólares, lo cual a 17 pesos, equivale a 230 mil 707 pesos. Puede igualmente dar más de un millón de pesos por metro cuadrado de siembra, ya que en ese espacio se pueden cultivar unos 5 kilos. ¿Cuál negocio puede ofrecer esa suerte de deslumbrantes rendimientos?

El parangón que con justificada frecuencia se utiliza con la cabeza de la Hidra de Lerna, es de lo más aplicable, ya que cuando se presume como gran triunfo en los medios de comunicación sobre la captura o muerte de grandes capos de la droga, invariablemente se revela como un triunfo vacío, efímero, irrelevante, ya que, al igual que en el combate con el mítico Heracles, por cada cabeza cortada a la Hidra le brotaban de inmediato otras dos tan poderosas y destructivas como la amputada. Así que hasta resultaba contraproducente.

Entre más numerosas son las capturas o muertes en combate de grandes capos, más se incrementa el número de cárteles, las luchas entre ellos se agudizan y con mayor intensidad cunde la violencia infestando al país. Las estratosféricas ganancias que deja esa lucrativa actividad es un imán irresistible, proporciona un nivel de ingresos y un bienestar material que resulta demasiado tentador o irrenunciable para quienes están decididos a arriesgar y mal-gozar su vida en eso. Mientras haya un mercado que demanda narcóticos y paga muy elevados precios por ello, habrá quien genere la oferta aun a riesgo de ser encarcelado. ¿Por qué no cambiar el ultra comprobado fracaso de concentrarse en un represivo combate a la oferta para en adelante concentrarse mejor en un humanista combate a la demanda?

El daño que ha hecho nuestra estrategia prohibicionista no puede ser más desastroso: no ha logrado disminuir los consumos pero sí ha provocado desmesurados estallidos de violencia y causado decenas de miles de asesinatos o pérdidas de vidas. Además, algo también sumamente grave: si alguna prioridad conviniera tener en México es la de enderezar el funcionamiento de nuestros hoy sumamente deficientes aparatos gubernamentales y a lo que ha contribuido con máxima eficiencia nuestra estrategia prohibicionista es a corromperlos aun más, a volverlos aun más deshonestos. Ante el comprobado fracaso, si no queremos seguir consiguiendo los mismos resultados, sería deseable al menos intentar un cambio.

amartinezv@derecho.unam.mx

@AlejoMVendrell
Las enormes ganancias que genera el tráfico de drogas, imán irresistible para cubrir la inflexible demanda.