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El coro de ángeles de Holguín, Cuba / Ma. Antonieta Collins

  • María Antonieta Collins

Desde Miami

He tardado casi tres semanas en digerir las imágenes que se sucedieron instantáneas en el viaje de casi diez días del papa Francisco a Cuba y Estados Unidos, pero ni bien termino de hacerlo cuando comienzo a escribir esta obligada columna dirigida al coro de la diócesis católica de Holguín que fue magnificente en la misa papal celebrada ahí en septiembre pasado, tanto, que ha quedado para la historia.

Nada más llegar la prensa vaticana a la explanada donde se celebraría la misa éramos recibidos por una maravilla musical que, utilizando los ritmos cubanos: son, danza y contradanza cantaron como bien lo harían los mismos ángeles.

Era inevitable quedarse estática, sin moverse, porque la música hacia que casi con magia, propios y extraños moviéramos pies y cuerpo queriendo abrazar con esto a quienes ahí estábamos, olvidándonos y perdonando el pecado, de bailar mundanamente en un sacro lugar, pero lo hicimos alabando a Dios.

Pregunto y me dicen que en realidad, mas que un simple coro se trataba del Coro Orfeón Holguín, que bajo la dirección de la maestra María Fernandina Aldana interpretó obras del cantoral católico cubano.

Rosalinda de la diócesis de Holguín me dice que en realidad aquellos más de cien coristas fueron personas con un amor por lo que hacen de tal forma, que sin transportes propios, la mayoría asistieron dos veces por semana a los ensayos que perfeccionaron los cantos.

Seguir la misa con aquella música celestial donde nos mecíamos al son de: “Qué-da-te con no-so-tros, qué-da-te oh se-ñor” era gratificante para el alma y el espíritu.

Debo confesar que me dejé llevar por aquellas melodías que dejaron los cantos gregorianos y la música sacra para otras ocasiones y que no me di cuenta en que momento de plano yo estaba bailando emocionada.

Quienes me sacaron de mi mundo poco después de terminada la misa fueron Orlando Márquez y monseñor José Félix Pérez que me dijeron: “No imaginé que bailara tan bien”.

¿Cómo no hacerlo en medio de aquel paraíso melódico?

Confieso que al inicio del viaje en La Habana en la misa monumental en la Plaza de la Revolución no imaginaba siquiera que en alguna otra de las ciudades a visitar, incluido El Cobre o Santiago y Holguín, alguien pudiera superar la extraordinaria actuación de los coros y la música de la Escuela Nacional de Música, quienes habían preparado una Misa extraordinaria y de exquisito gusto musical para el papa Francisco, una música digna de repetirse para que se sepa de lo que estos cubanos son capaces de ofrecer a un sumo pontífice, que teniendo los coros y orquestas vaticanas, prácticamente ha visto de todo.

Me equivoqué, al igual que nos equivocamos muchos periodistas que comentábamos lo mismo.

Monseñor Emilio Aranguren, obispo de Holguín ya lo había pronosticado al preguntarle sobre quien haría la mejor misa de la gira por Cuba.

“Esperen a llegar a Holguín y verán lo que tenemos preparado. Esperen un poco nada más”.

Hoy tengo que dar las gracias a los holguineros, a la diócesis, a esos católicos de recia templanza y gran orgullo por esas casi dos horas que, bajo el sol quemante, fueron menos con solo escucharles y saber de su gran sacrificio por dar a Francisco la mas calida de las bienvenidas.

Gracias Don Emilio, gracias. Tuvo usted razón. Un día de septiembre pasado su grey católica nos dio lecciones no solo de reciedumbre y amor… también de que los ángeles a través de ustedes, cantaron en su Holguín.