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El cuento sin pies ni cabeza

  • Cuadratura: Enrique pardo Genis

En esta ocasión trataré de hacer un andamiaje, por medio del cual pueda transitar de Alfonso Reyes hasta Octavio Paz (basado en una serie de cuentos que leí hace un par de meses). Es verdad que cada una de las lecturas del programa tienen su propia esencia, pero en este caso todas ellas tienen un elemento en común: Yo. Pues soy yo quien se ha encargado de desconfigurarlas, para volverlas a configurar conforme el orden de mi entendimiento. Sí, ahora creo que veo el camino. Con el “Hermes o de la comunicación humana” de Reyes, recuerdo que escribí que la palabra necesita el sustento de la escritura, que las disciplinas escolares modernas colapsan el cultivo de la memoria y que la voz humana representa la especialización de la mímica.

Dicha especialización puede ser entendida como evolución, así como a la que se refiere Ítalo Calvino en “Un signo en el espacio”. De esta lectura tengo un recuerdo muy especial, porque para mí fue muy gráfica. Pues yo iba en un avión, cruzando el atlántico, mientras el tiempo se desdibujaba con el cambio de huso horario, tal como viajó Calvino por el espacio buscando ese que significaba el primer signo de todos. Aquí me detengo para encontrar el hilo conductor entre estos dos textos y el de “Funes el memorioso” de Jorge Luis Borges, porque si algo podemos destacar es el valor de la memoria, al tiempo que debemos tener cuidado con un extremo de la misma, pues nos puede privar de la abstracción y contextualización, tal y como le pasó a aquel joven de 19 años que quedó postrado en una cama tras un accidente. Justo de eso se trata la vida ¿no?, de abstraer, contextualizar y seguir adelante sin mirar atrás. Es decir, aprender del pasado, para recorrer el presente y construir el futuro; así como se lo aconsejaron los ángeles a Lot, en el Génesis 19 de la Biblia: “Bajo ningún motivo mires hacia atrás o te convertirás en estatua de sal”. Que si lo interpretamos, se trata del riesgo de quedar instalado en el pasado y no avanzar más.

Y en esta línea de ideas, seguir adelante sin mirar atrás, es cerrar ciclos y abrir otros nuevos. Así es cómo funcionamos, así es cómo nos organizamos, y son esos mismos ciclos los que marcan paradigmas que dirigen al mundo, como lo diría Juan Arellanes en “Dominación sin hegemonía”: las eras son determinadas por los sistemas mundo, que siempre están dirigidas por hegemones y elementos claves de dominación, ¿quién y cuál es ahora? Estados Unidos y los energéticos.

Y aunque esta Era se está acabando, lo que podemos ver ahora es que el hegemón actúa bajo intereses propios y egoístas, cual Niggle en el cuento de J.R.R. Tolkien “Hoja de Niggle”; quien obsesionado con su tiempo y sus deberes se olvidó del todo y de los demás. Su manía por los detalles le evitaron observar la totalidad del entorno. Cierro con Octavio Paz, y su complejo texto “El mono gramático”, que aunque parece simple requiere de mucha atención, para entender por qué “la fijeza es siempre momentánea” en un espacio tiempo que es limitado; idea que perfectamente puede clarificar el sentido de los ciclos que abren y cierran, y que no tienen retorno. Vivimos en una realidad fabricada por el lenguaje. Sin él, ésta sería inentendible, insoportable e inalcanzable.
PARA RECORDAR

Ayer se cumplieron 31 años del sismo que cambió la historia de la Ciudad de México. El terremoto de 1985. El saldo fue de seis mil muertos, 30 mil heridos, 150 mil damnificados, tres mil 300 edificios dañados y cerca de 82 mil millones de pesos en daños materiales.