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Buscan al tercer atacante de Bélgica / Carlos Siula, Corresponsal

  • Carlos Siula

 

PARÍS, Francia. (OEM-Informex).- Bélgica vivió ayer la jornada más sangrienta de la historia moderna, golpeada por dos “atentados suicidas” casi simultáneos perpetrados en el aeropuerto de Zaventem y en la estación Maelbeek del Metro de Bruselas, que provocaron al menos 34 muertos y unos 200 heridos, muchos de ellos en estado de extrema gravedad.

El grupo yihadista Estado Islámico (EI) reivindicó los ataques, evocando -en ambos casos- la intervención de kamikazes.

Todas las policías europeas buscan desesperadamente al “tercer hombre”. A diferencia de la famosa película de 1949 -dirigida por Carol Reed e interpretada por Orson Welles y Joseph Cotten-, en este caso el “tercer hombre” sería el terrorista que dirigió el atentado perpetrado ayer en el aeropuerto de Bruselas.

Como se ve en las imágenes difundidas por la policía belga, obtenidas gracias a las grabaciones de las cámaras de seguridad del aeropuerto, hay un tercer personaje -vestido con abrigo claro y sombrero- que podría ser el jefe de los dos terroristas que al parecer se inmolaron.

Las dos explosiones del aeropuerto provocaron al menos 14 muertos y 96 heridos, mientras que el atentado en el metro dejó 20 víctimas fatales y 106 heridos. Entre ellos, habría 17 “muy graves”, 23 en estado “grave” y 66 con lesiones leves, según el alcalde de Bruselas, Yvan Meyeur.

Ambos atentados constituyen una réplica -en menor escala- de los ataques perpetrados el 13 de noviembre en cuatro lugares diferentes de París, que provocaron en total 130 muertos y más de 400 heridos. También inducen a pensar en las operaciones terroristas, igualmente mortíferas, perpetradas en Madrid del 11 de marzo de 2004, que provocaron 191 muertos y mil 858 heridos, y en Londres el 7 de julio de 2005, que dejaron un saldo de 56 víctimas mortales y cerca de 700 heridos. La única diferencia reside en que los atentados de Madrid y Londres fueron obra de Al Qaeda y estos ataques de Bruselas fueron reivindicados por el EI.

La policía belga, que halló una bomba en el aeropuerto, busca ahora activamente a un hombre filmado por las cámaras de seguridad de la terminal aérea en compañía de los dos presuntos kamikazes que se hicieron volar en el hall de partida del aeropuerto. En las imágenes, los tres hombres aparecen empujando carros para transporte de equipaje. Los dos primeros están vestidos de negro y tienen su mano izquierda enguantada. Ese ardid, según los expertos, les permite ocultar el detonador de las bombas que transportan. El tercero, sin guantes, viste un abrigo claro y un sombrero, y es el tercer hombre que buscan ahora las fuerzas de seguridad.

“¿Quién reconoce a este hombre?”, dice un tweet enviado por la policía belga en el cual se ve al hombre del sombrero.

Con 34 víctimas, el múltiple atentado de ayer en Bruselas se convierte en el peor acto terrorista de la historia de Bélgica, según la base de datos Global Terrorism Database, de la Universidad de Maryland, que registra los ataques de toda índole desde 1970.

“Temíamos un atentado y acaba de producirse”, declaró el primer ministro belga, Charles Michel, visiblemente consternado tres horas después de los atentados. Todas las banderas flamean desde ayer a media asta y el gobierno decretó tres días de duelo oficial. El país se encuentra en estado catatónico, debido al tremendo shock emocional que provocó ese ataque en una ciudad reputada por su tranquilidad, su savoir vivre, la tolerancia y la bonhomía de sus habitantes.

Después de los atentados islamistas de París del 13 de noviembre, las autoridades belgas temían un ataque terrorista de gran envergadura. Hace cuatro días, inclusive, el ministro de Relaciones Exteriores, Didier Reynders, se declaró convencido de que el EI “preparaba un nuevo ataque” en Bruselas.

 

Cronología del horror

El primero de los atentados fue perpetrado en el aeropuerto Zaventem, principal terminal aérea de Bruselas, donde a las 8 de la mañana se produjo una doble explosión que sembró el pánico entre los 6 mil pasajeros que se aprestaban a viajar. Las detonaciones se produjeron cerca de un café Starbucks en el hall de salida. Varios testigos escucharon gritos en árabe. Ese primer atentado provocó 14 muertos y al menos un centenar de heridos, según fuentes oficiales, pero esas cifras son inciertas debido a la prudencia de las autoridades en comunicar la cantidad de víctimas.

La onda expansiva pulverizó la fachada de vidrio del edificio y provocó el desmoronamiento de los cielorrasos de gran parte de la terminal. Algunos testigos mencionaron “un fuerte olor a pólvora y cantidad de polvo” y otros hablaron de “olor a goma”.

“Poco después de las 8 de la mañana escuché una primera explosión en la zona donde salen los vuelos charters y pensé que una grúa se había desmoronado. Pero tres minutos después hubo una nueva detonación en el mismo sitio, aunque del otro lado del edificio”, relató Philippe Lenaerts, conductor de taxi en el aeropuerto.

A su vez, Rutger Booghmans, empleado de una compañía aérea, relató: “Cuando escuché la primera deflagración, el suelo tembló bajo mis pies. El ruido fue ensordecedor. La gente gritaba, había sangre por todas partes… Los pasajeros fueron puestos al abrigo y evacuados por las salidas de emergencia. ¡Fue como un verdadero terremoto!”

En el aeropuerto, el más concurrido de Bélgica, situado a 13 kilómetros de la capital, por donde circulan 20 millones de pasajeros por año, se produjeron escenas de pánico y desorden. “Miles de personas corrían por todas partes dentro del edificio. Centenares de pasajeros que estaban a bordo de los aviones listos para despegar escucharon a los pilotos anunciar la suspensión del vuelo porque ‘algo raro’ acababa de suceder. Todo fue dantesco”, relató Bernie Hermans, periodista belga que despedía a un amigo.

En pocos segundos, miles de personas se encontraron bloqueadas en las pistas del aeropuerto, esperando que alguien viniera a sacarlos de ahí. Poco después, la mayoría fue evacuada hacia un centro de tránsito cerca de la terminal donde quienes que no tenían adónde ir, recibieron la ayuda espontánea de los vecinos, que traían comida y ropa de abrigo. Con el correr de las horas, otros fueron ubicados en un gimnasio de la ciudad de Zaventem, ubicada a dos kilómetros del aeropuerto, y las compañías aéreas alojaron a sus pasajeros en los hoteles de las inmediaciones.

Zach Munzun, que llegaba de Ginebra, consiguió dejar el aeropuerto a pie. “Escuché una primera pequeña explosión y después una segunda, mucho más potente. Eran las 8 de la mañana en punto. Los cielos rasos cayeron y estallaron las canalizaciones. Cuando salí del edificio, 15 minutos después, había sangre por todas partes. Pero no vi cuerpos. Es una catástrofe. Atroz. Felizmente estoy con vida”, relató.

Después de las explosiones, la terminal aérea fue evacuada para permitir la entrada de los expertos que no tardaron en hallar el cuerpo del primer kamikaze y, poco después, encontraron una bomba sin explotar. Los artificieros de la policía la hicieron estallar más tarde, lo que indujo a pensar –erróneamente- en una tercera explosión terrorista.

 

Horror en el Metro

El segundo atentado se produjo 90 minutos después en la estación de Metro Maelbeck. Ese objetivo no fue escogido al azar. Situada a escasos 300 metros de la sede de la Unión Europea (UE) y en el corazón del barrio de los ministerios y del Parlamento belga, es la estación donde descienden cada mañana los funcionarios que trabajan en las instituciones europeas. La explosión se produjo en el primer vagón pocos segundos después de ponerse en marcha.

Limpiándose gotas de sangre de la cara, Alexandre Barns, de 32 años, explicó a la televisión belga que el Metro acababa de “salir de la estación Maelbeck hacia Schuman, cuando se produjo una terrible explosión”.

“Inmediatamente fue el pánico total y todo quedó a oscuras. El Metro estaba repleto de gente a esa hora. La gente salió corriendo y gritando por las vías sin luces hasta la estación más cercana, Arts-Loi. Muchos saltaron por las ventanas”, relató.