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El debate en EU y México en torno a beneficios o perjuicios del TLCAN (II)

  • Alejo Martínez

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  • Alejo Martínez

Nuestros intercambios comerciales y financieros con el gigantesco vecino del norte son, con mucho, los más cuantiosos y los de mayor impacto para nuestra economía. Por ello es muy significativo el hecho de que durante 1991, 1992, 1993 y 1994, el primer año del TLCAN, México haya tenido déficit en su balanza de cuenta corriente con EU, pero a partir de 1995 arrancó una etapa ininterrumpida hasta ahora de superávit.

Tomemos como dato sintomático lo que ya se ha expuesto en este espacio (http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3380459.htm): entre 1994 y 2012, el superávit que tuvimos con EUA acumuló el enorme monto de 915,440 millones 688 mil dls. Sin embargo, lo verdaderamente preocupante es que ese gigantesco superávit con quienes realizamos cerca del 80 por ciento de nuestro intercambio comercial internacional no solo se esfumó sino que se convirtió en un considerable déficit de 108,102 millones 752 mil dls., cuando realizamos tan solo menos del 20 por ciento de los intercambios con el resto del mundo.

Tomemos como otro punto de referencia el último año completo: durante 2015, la balanza de bienes y servicios entre México y EU totalizó un estimado de 583 mil 600 millones de dls. Las exportaciones mexicanas alcanzaron 316 mil 400 millones y nuestras importaciones fueron de 267 mil 200 millones, por lo que México mantuvo un superávit en bienes y servicios de 49 mil 800 millones de dls. Es oportuno hacer aquí una puntualización: nuestra balanza comercial de bienes detentó en 2015 un superávit de 59 mil millones de dls. (mmd), mientras que la balanza de servicios, que incluye a los sectores más modernos de la economía presentó un déficit de 9 mil 200 millones.

Al superávit de 49 mil 800 md habría que agregarle el superávit por concepto de transferencias, constituidas principalmente por las remesas de mexicanos en el extranjero, que con respecto a EU rebasan los 20 mmd anuales, lo cual arroja un superávit por cuenta corriente de al menos 70 mmd. Sin embargo ese considerable saldo favorable con quienes realizamos cerca del 80 por ciento de nuestras transacciones no solo se vuelve a esfumar sino que en 2015 se convirtió otra vez en un déficit de 32 mmd. Lo que significa que con quienes realizamos tan solo el 20 por ciento de los intercambios internacionales, la falta de competitividad de nuestro aparato productivo, nos impone un déficit de cuenta corriente por poco más de 100 mmd.

En consecuencia, al margen de que en tales condiciones constituye una insensatez fustigar al TLCAN, lo que explica este desconcertante e impactante contraste radica en la desmesurada sobrevaluación que ostenta el dólar. El último año de superávit de cuenta corriente en EUA fue en 1991. Han transcurrido ya 5 lustros y ha venido acrecentando en forma persistente ese déficit, alcanzando su cima en 2006 con un brutal déficit de algo más de 806 millardos de dólares. En 2015 ese déficit fue de 463 millardos. Los déficit acumulados desde 1992 hasta la fecha suman un monto descomunal que sería insostenible para cualquier país que no dispusiera de una divisa dura con alto nivel de demanda internacional.

Por más irracional que pudiera parecer, ese dólar carente de sustento y solidez, es una moneda que en lugar de devaluarse en forma drástica, como le sucedería a cualquier país sin divisa dura, tiende a revaluarse frente a la mayoría de las monedas del planeta, aportándonos una muestra más del comportamiento irracional con los que a menudo se conducen nuestros especulativos mercados financieros.

EU padece una especie de enfermedad holandesa muy acentuada; solo que no ha sido originada por el descubrimiento y explotación de abundantes y enriquecedores yacimientos de hidrocarburos o de diamantes o metales preciosos, pero sí por algo que podemos considerar equivalente: fabrica, imprime dólares que por su enorme y hasta ahora vigente demanda universal han venido desempeñando un papel muy similar al de los enriquecedores yacimientos. En México debiéramos estar muy ocupados en superar la deplorable competitividad de nuestro aparato productivo, la cual hoy se encuentra amortiguada y enmascarada por esa irracionalidad de los mercados financieros conformada por la sobrevaluación del dólar.
amartinezv@derecho.unam.mx @AlejoMVendrell

La irracional sobrevaluación del dólar encubre la enorme falta de competitividad de nuestro aparato productivo.