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El debate en Galicia

  • María Antonieta Collins

Desde La Coruña

  • María Antonieta Collis

No hay nada que salve a cualquier ciudadano americano cuando entra en esta ciudad bañada por las aguas del Cantábrico, de escuchar la clásica pregunta, nada más la ciudadanía es evidente: ¿Y quién ganará la Presidencia de Estados Unidos?

Nadie se escapa de tener que responder. Y no fui la excepción.

El lunes pasado pensé que me perdería el famoso debate, porque estando tan lejos, a quién le interesaría, pero la gran equivocación fue pensar eso, porque por toda Galicia hubo transmisión especial y retransmisión al día siguiente, de manera que los interesados en la política –estos gallegos que no se quedan atrás- no perdieron detalle.

“¿Es que a ustedes no les da miedo que ese hombre, el Trump, gane y nos lleve a todos al fin del mundo?”

No les interesa que una dé el punto de vista. Ellos están para opinar.

“Mire usted que en las noticias nos asustamos cuando comienzan a mostrar las imágenes del ataque y cerco a Aleppo, ese genocidio que se está perpetrando contra los pobres civiles. Eso es atroz y nos quita el sueño, pero ¿sabe qué nos espanta más? Ver a los estadunidenses felices y sonrientes de las barbaridades que dice y que promete hacer el candidato republicano a la Presidencia.”

José Iglesias, un taxista de La Coruña, dice haberse desmadrugado para poder ver el famoso encuentro entre la primera candidata de un partido mayor a la Presidencia de Estados Unidos y el magnate de los terrenos, también candidato.

De pronto se voltea a vernos y me suelta la pregunta: y ¿a ustedes no se les congestionó el hígado al ver que se reunía en México con su Presidente y después regresaba a Estados Unidos y decía que no había hablado de nada de lo que el Presidente de México decía?

Le tengo que contestar que sí. Que soy de los miles de mexicanos en Estados Unidos, casi al borde del colapso por la más que innecesaria reunión con un hombre que lejos de ir a pedir perdón a un pueblo como el mexicano, que “ha sido el costal de boxeo” de este señor, que, con sus insultos a México abrió su campaña a la nominación republicana y al ganarla, simplemente “se ha seguido de largo” con lo que dice de México y de los Mexicanos.

Entonces José el taxista gallego me abre su corazón político: “Mire, tengo que confesarle que, es muy probable que allá en los Estados Unidos no les interese lo que nosotros pensamos aquí en Galicia, pero lo cierto es que acá nos preocupa lo mismo: ¿Qué puede hacer un hombre tan básico en las cuestiones de la política y en el arte de negociar, cuando puede llegar a tener en sus manos –si gana- los códigos que pueden desatar una guerra nuclear?

“Seguramente que si la situación lo pilla en medio de un berrinche, pues entonces lo más seguro sería que pudiera ordenar algo que nos cueste a todos: una Tercera Guerra Mundial.”

No me dice este taxista nada que no hayamos pensado unos cuantos miles.

Es cuando observar la televisión en España y ver las imágenes de los conflictos en Alepo o los videos de los inmigrantes del África que son rechazados, le da a una la proporción correcta de las noticias internacionales que van más allá de lo que nos interesa en nuestro entorno, y que hasta ahora se limita a una fecha que nos tiene a todos con pesadillas: las elecciones presidenciales del próximo ocho de noviembre… y sobre todo, de aquel que resulte electo, tenga la cordura para no caer en la menor provocación. Es por eso que José el taxista tiene razón: antes de votar hay que dejar de ver a corto plazo y pensar un poco en todo aquello que sí puede pasar.